Perspectivas Geopolíticas

Defensores de derechos humanos… indefensos

La declaración contempla que todos tenemos una función que desempeñar como defensores de esos derechos, y destaca la existencia de un movimiento o tendencia mundial en el que todos y cada uno de nosotros estamos inmersos como unidad fundamental de la comunidad internacional

La Declaración de los defensores de los derechos humanos es como se conoce generalmente a este instrumento internacional cuyo título in extenso es Declaración sobre el derecho y el deber de los individuos, los grupos y las instituciones de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales universalmente reconocidos. Fue aprobada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1998, dentro del marco del 53º periodo ordinario de sesiones de ese órgano de gobernanza, en conmemoración del quincuagésimo aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

De acuerdo con la ONU, uno de los aspectos más importantes de la Declaración es que no sólo está dirigida al compromiso de los Estados firmantes y a garantizar la salvaguarda e integridad de los defensores de los derechos humanos, cuyos intereses estuvieron representados por diversas y numerosas organizaciones de la sociedad civil, sino que es un instrumento que está dirigido a cualquier persona: a todos, a ti y a mí, por la propia y especial naturaleza que entraña en sí misma la defensa de los derechos humanos, que parte del principio básico de no indiferencia ante la violación de alguno de los derechos fundamentales consagrados en alguno de los instrumentos que conforman la Carta Internacional de los Derechos Humanos o ante alguna situación de vulneración, flagelo y/o riesgo.

La declaración contempla que todos tenemos una función que desempeñar como defensores de esos derechos, y destaca la existencia de un movimiento o tendencia mundial en el que todos y cada uno de nosotros estamos inmersos como unidad fundamental de la comunidad internacional; incluso en relación con violaciones masivas, flagrantes o sistemáticas como las que resultan del apartheid, de todas las formas de discriminación racial, colonialismo, dominación u ocupación extranjera, agresión o amenazas contra la soberanía nacional, la unidad nacional o la integridad territorial; y de la negativa a reconocer el derecho de los pueblos a la libre determinación y el derecho de todos los pueblos a ejercer plena soberanía sobre su riqueza y sus recursos naturales.

Por lo que hace a su contenido, la Declaración contiene 15 disposiciones específicas sobre los derechos reconocidos y las medidas de protección previstas para los defensores de los derechos humanos, entre las cuales destacan ejercer legítimamente la ocupación o profesión de defensor de los derechos humanos y obtener protección eficaz de las leyes nacionales al reaccionar u oponerse, por medios pacíficos, a actividades y actos, con inclusión de las omisiones, imputables a los Estados que causen violaciones de los derechos humanos.

En otro apartado, conocido como de los deberes y en el cual se consagran 9 compromisos, la Declaración hace especial referencia a la función de los Estados y se indica que cada uno de ellos tiene la responsabilidad y el deber, entre otras cosas, de:

adoptar las medidas legislativas, administrativas y de otra índole que sean necesarias para asegurar la aplicación efectiva de los derechos y las libertades, así como adoptar todas las medidas necesarias para garantizar la protección de toda persona frente a toda violencia, amenaza, represalia, discriminación negativa, presión o cualquier otra acción arbitraria resultante del ejercicio legítimo de los derechos mencionados en la Declaración.

En el último de sus componentes, conocido como responsabilidad de todas las personas, la Declaración destaca que toda persona tiene deberes respecto de la comunidad y dentro de ella y, de alguna manera, hace un esfuerzo por alentar a todas las personas a ser defensoras de los derechos humanos, con la finalidad de fomentar los derechos humanos, salvaguardar la democracia y sus instituciones y no violar los derechos humanos ajenos. Destaca las responsabilidades de las personas, individual o colectiva, que ejercen profesiones que puedan afectar a los derechos humanos de otras personas, lo que es especialmente pertinente para los funcionarios de los cuerpos policiacos, los abogados, los jueces, entre otros profesionistas.

Lo anterior sirve como marco de referencia para comprender el alcance de la elaboración del Diagnóstico sobre el funcionamiento del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, presentado el pasado 26 de agosto por la Oficina en México de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH), derivado de la visita que realizó Michelle Bachelet a nuestro país en abril del año en curso, durante la cual destacó que «la situación de las personas defensoras de derechos humanos y la de los periodistas sigue siendo alarmante y preocupante», además de comparar la violencia en México con la perpetrada durante la dictadura del expresidente de Chile, Augusto Pinochet.

A través de este diagnóstico puede conocerse la situación tan cruda y compleja que viven los defensores de los derechos humanos en México: al 10 de julio de 2019 la ONU-DH ha documentado el asesinato de al menos trece personas defensoras de derechos humanos y once periodistas, cifras que indican una tendencia creciente respecto a años anteriores. En 2018, registró 12 asesinatos de periodistas y 14 de personas defensoras de derechos humanos; y en 2017, documentó 12 asesinatos de periodistas y 7 de personas defensoras de derechos humanos.

Esta situación que se ha venido agravando, aparte de la preocupación por el contexto social que viven ambos grupos ahora en una condición de vulnerabilidad mucho mayor, representa también una inquietud, tácita, en la parte institucional, debido a que la creación del Mecanismo es demasiado joven (data del 25 de junio de 2012): comenzó a operar en octubre de 2012 con la finalidad de cumplir con el plazo de cuatro meses para quedar establecido, y cuyo reglamento fue aprobado el 30 de noviembre de ese mismo año, lo cual quiere decir que de entrada esta herramienta de protección de derechos humanos fue establecida con deficiencias, que a la fecha no han sido subsanadas.

El diagnóstico arroja un resultado impactante y sorprendente: 104 recomendaciones realizadas en cuanto hace al funcionamiento del Mecanismo entre las que destacan promover un cambio de paradigma hacia un enfoque de prevención combinado con la actuación dirigida a anular las causas del riesgo, que incluya criterios de actuación en los casos de agresiones por parte de servidores públicos, así como que el Mecanismo no puede ser entendido como la única respuesta a la violencia contra quienes ejercen el periodismo y defienden derechos humanos: es necesario que otras autoridades se involucren y se coordinen con el Mecanismo para garantizar que las personas beneficiarias reciban una protección integral.

Con el único afán de abonar a la construcción en cuanto hace a las propuestas que plantean las observaciones realizadas por la Oficina en México de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, debe resaltarse que no se atiende cabalmente al último apartado de la Declaración de los defensores de los derechos humanos, en el cual se contempla la responsabilidad de todas las personas respecto de la comunidad y dentro de ella y las alienta a ser defensoras de los derechos humanos, es decir, a que seamos coadyuvantes y colaboradores en la ardua tarea de velar, proteger y garantizar nosotros mismos como sociedad, a través del nuevo enfoque de mecanismo, los derechos humanos que son transgredidos en nuestro país, convertirnos así en agentes de cambio, no en parte del problema, y de permanecer en el mismo estado estático, cómodo de siempre, entonces nos encontramos como sociedad en el mismo lado de quien comete el abuso, de quien viola los derechos humanos que tanto nos duela que flagelen…

Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor. Desmond Tutu, clérigo y pacifista sudafricano.

Foto: Enfoque Noticias, 2019

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