Política Interior

Poder oficial y autonomía universitaria

A un año de haberse coronado en las pasadas elecciones presidenciales, el Movimiento Regeneración Nacional, ha dejado constantes pistas de su aspiración a tener un poder absoluto similar al del Partido Revolucionario Institucional en el siglo XX... la autonomía universitaria se vislumbra como el próximo objetivo del poder oficial para su sometimiento.

A un año de haberse coronado en las pasadas elecciones presidenciales, el nuevo partido oficial, Movimiento Regeneración Nacional, ha dejado constantes pistas de su aspiración a tener un poder absoluto similar al del Partido Revolucionario Institucional en el siglo XX. Por un lado, en la práctica, al contar con el dominio en los poderes, legislativo y ejecutivo, aunada a la absorción de organizaciones populares, otrora afines al PRI o al PRD, y también por la vía del discurso oficial y la propaganda, donde se califica como conservadores, fifís, o incluso como traidores a la patria a los críticos del actual régimen.

Y al respecto conviene tratar un reducto que ha existido históricamente como contrapeso al poder estatal, la autonomía universitaria; una institución que permite cabida a diferentes corrientes ideológicas en las escuelas y ha mantenido una educación más libre y al mismo tiempo más alejada del oficialismo y la doctrina de la SEP, se vislumbra como el próximo objetivo del poder oficial para su sometimiento.

No es noticia que, en las universidades del país hay actores externos que intervienen en la política interna de esas instituciones. Es principalmente en las universidades públicas autónomas donde se da este fenómeno, llegando a casos como los de rectores de la UNAM como José Narro, o Juan Ramón de la Fuente, que respectivamente han estado afiliados a un partido, o ha ocupado un cargo en el gabinete presidencial.

Si bien es cierto que prevalecen estas facciones políticas en las escuelas, por lo regular las facciones cierran filas cuando se trata de proteger la autonomía. Siendo un tema que además es respetado, se ambicionan las ventajas de ocupar los cargos clave, pero no se toca la estructura escolar ni las características que le dan razón de ser como la autonomía, a pesar de las disidencias que puedan surgir gracias a esta. No obstante, no se debe dejar de lado el costo para la vida política, social y educativa del país, que tendría permitir una injerencia gubernamental directa y profunda en la educación tanto pública como privada.

Hoy, Morena busca llevar a su máxima expansión la Cuarta Transformación llevándola a las aulas. Las banderas bajo las cuales se pretende justificar esta acción van desde la eliminación de los exámenes de admisión, hasta la erradicación del pensamiento neoliberal, y la intención de integrar a la mayor cantidad de personas al proyecto del presidente López Obrador.

En este contexto tener escuelas que puedan ser nido de corrientes de oposición, que además vayan más allá de lo que brinda la actual oferta política (como la que encabeza Felipe Calderón) es algo que interfiere con los proyectos de la 4T. Por lo tanto, para poder avanzar sobre la tentativa, se necesita ir en contra de la autonomía y asumir un control académico e ideológico en las aulas. Pero primero deben avanzar sobre el gran bastión de la autonomía y la educación pública nacional, la UNAM.

La UNAM es la institución que más ha representado y defendido la autonomía universitaria. Ha jugado un papel histórico muy importante en defensa de la libertad académica, desde dar cabida a los detractores del cardenismo y de los partidos revolucionarios, protestar contra la ocupación militar y la represión en el 68, y dar cobijo, mediante el plan de incorporación, a escuelas para que lleven un plan de estudios distintos al oficial de la SEP, que cada vez deja más que desear. Escuelas entre las cuales se encuentran colegios católicos (cuyo papel en lugares como la Ciudad de México es muy importante para satisfacer la demanda educativa) que bajo un control total de la SEP nunca hubieran tenido posibilidades de existir y/o de prosperar, y que son símbolos de la libertad de cátedra.

La UNAM al defender y reivindicar su autonomía, está a su vez protegiendo la de otras escuelas del país; y al tratarse de la universidad nacional, la de mayor alcance, la más numerosa, e influyente en el ámbito académico, es también la de mayor peso político. De ahí su importancia, pues pese a los nexos de rectores con el PRI, siempre se ha antepuesto la autonomía a cualquier injerencia externa y se ha mantenido a la universidad alejada de la esfera del poder oficial, llegando a tener constantes roces con el gobierno, lo que da vida a la diversidad de ideas y pensamientos, y con ello a la crítica, y por eventualidad, es también la semilla de movimientos y líderes políticos, circunstancia que resulta incómoda a los intereses de la 4T.

Este año se dará nuevamente elección de rector en la UNAM; una elección que se da en el contexto de una crisis de inseguridad en el principal campus (Ciudad Universitaria) que engloba casos de homicidios, violaciones, robos, a los que además se suma la radicalización de grupillos políticos, y hacen de las agresiones una constante en la vida escolar de C.U. Mientras las autoridades escolares se ven rebasadas para resolver esta crisis, y se niegan a permitir la entrada a autoridades judiciales a atender estos casos, sea porque quieren “evitar más violencia”, o por la renuencia de sectores al interior de la escuela que confunden autonomía con extraterritorialidad o soberanía. Los problemas administrativos en otras escuelas de la UNAM, las oleadas de manifestantes que no pasaron el examen de admisión, y la eterna sombra del sindicalismo, no hacen más que complicar la situación, mostrando un entorno desfavorable, que Morena puede aprovechar para intervenir en la escuela so pretexto de buscar resolver los graves problemas que tiene la universidad en este momento integrándola en su agenda política.

En este caso Angélica Cuellar, directora de la Facultad de ciencias Políticas y Sociales se muestra como la ficha que jugaría Morena en el proceso de elección de rector, sin embargo, no es la única persona adepta al morenismo que ha mostrado su interés en el cargo.

Nuevamente la situación caótica da semilla para que las fórmulas mágicas de los populistas se vendan, ni siquiera como la mejor, sino como la única solución. Las coyunturas, nacional en general y de la UNAM en particular, son la puerta de entrada que ve Morena para poder consolidar su poder político, en un sector en el que aún no dominan. Las acciones del partido en otros ámbitos, y la presencia entre sus miembros de personajes del PRI totalitario, hablan por sí mismos.

Es entendible, que las problemáticas dentro de las escuelas pueden ponerse muy difíciles, el caso puede aplicar para cualquier universidad, pero se deben tratar los asuntos siempre bajo la dirección interna, con apoyo externo, pues siguen siendo parte de la Federación, pero esta ayuda de afuera siempre debe ser en calidad de respaldo y no pretendiendo tomar el control de la escuela, y someterla al poder político (no al de las leyes).

Si la UNAM pierde su autonomía, caerían detrás todas las demás escuelas autónomas, sin importar si son estatales o privadas, pues ninguna tiene la influencia ni el peso social y político para hacer frente a las amenazas del poder oficial.

Es de suma necesidad que los universitarios, los que de alguna forma seguimos en la vida académica y, en fin, también la sociedad, protejamos la autonomía universitaria, un bastión de la crítica y de distintas libertades (destacando por supuesto, las de pensamiento y expresión); pues aunque nuestras escuelas tengan sus disputas políticas y sus problemas, son nuestros, y rechazamos el sometimiento a un partido, o a un régimen; y de igual manera debe existir pluralidad y criterio en la educación. La UNAM junto con sus escuelas incorporadas, y las demás escuelas autónomas, son una alternativa al adoctrinamiento y la decadencia que tiene la educación oficial, la versión SEP.

En una república democrática, la autonomía universitaria forma parte de las libertades civiles, y habemos muchos dispuestos a protegerla. Por México y por el bien de la educación nacional, no permitamos que el gobierno tome control de nuestras universidades.

Fotografía propia

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