Política Interior

Encrucijada de sabotajes en la 4T

¿Qué razones motivarían a un hombre como Carlos Urzúa, con su posición, a reaccionar de tal forma a sabiendas de que sus acciones podrían ocasionar una debacle financiera nacional?

Tras la sorpresiva renuncia de Carlos Urzúa a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), el peso se depreció hasta en 2.5%, alcanzando el dólar un valor de 19.35 pesos por unidad, mientras que el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC), principal índice de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), cerró la jornada de ese día con una baja de 1.8% siendo ésta su peor caída en lo que va de este año.

Independientemente de la afiliación política que se tenga, es justo reconocer la pronta reacción ante la crisis del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, quien solo dos horas después de viralizarse la carta de renuncia (vía Twitter) de Urzúa, publicó un video-mensaje en redes sociales en el que aceptaba la renuncia del exsecretario y nombraba para ocupar el cargo al nuevo secretario de Hacienda, Arturo Herrera Gutiérrez.

De no haber actuado con esa prontitud, las pérdidas para la BMV podrían haber sido mayores y el tipo de cambio, según los pronósticos más pesimistas, pudo haber sobrepasado los 21 pesos por dólar. Una debacle financiera de tal magnitud habría tenido graves consecuencias para la economía mexicana.

Más allá de discutir sobre la idoneidad y el perfil del nuevo secretario de Hacienda (que por la reacción de los mercados y la estabilización en el tipo de cambio parece ser positivo), resulta más relevante aún indagar sobre la sorpresiva renuncia de Urzúa, uno de los funcionarios más cercanos al presidente López Obrador y preguntarse si estamos ante un acto de sabotaje dentro de la Cuarta Transformación 4T, como algunos han señalado.

Primero que nada, la forma en como renunció resulta por demás informal y sorpresiva. Urzúa es, sin duda, un personaje sumamente capaz que cuenta con una amplia trayectoria profesional y académica, por lo que es lógico pensar que sabía de las consecuencias que tendrían sus declaraciones y la forma como presentó su renuncia. La carta que Urzúa publicó en Twitter era desestabilizadora y pudo haber afectado seriamente a la economía nacional si no se hubiese actuado con prontitud. Lo presenciamos con el desplome del peso y de la BMV.

No todos los secretarios de Estado ocupan un papel tan importante como el de Hacienda, éste carga con una gran responsabilidad y es su deber actuar con seriedad y siempre velando por los intereses y el bienestar del país; por ende, antes de informar su renuncia vía Twitter, debió haber avisado al Presidente que, como pudimos ver, fue sorprendido por la noticia tanto como el resto de los mexicanos. ¿Qué razones motivarían a un hombre con su posición a reaccionar de tal forma a sabiendas de que sus acciones podrían ocasionar una debacle financiera nacional?

Segundo, en su carta admite la existencia de discrepancias en materia económica y de política pública, señala la imposición de funcionarios sin conocimientos sobre el manejo de la Hacienda Pública y acusa la existencia de conflicto de interés de “personajes influyentes”.

Señalar que existen personajes con conflicto de interés influyendo en la toma de decisiones del Gobierno Federal, es una acusación muy grave que siembra desconfianza en la población, al exterior y entre los inversionistas. Un funcionario de tan alto nivel como lo fue Urzúa, no sólo puede “aventar la piedra y esconder la mano”, en todo caso, tiene la obligación moral y patriótica de señalar abiertamente quiénes son estos personajes y cuáles son los supuestos vínculos que tienen dentro y fuera del gobierno, o ¿acaso el único objetivo de ese comentario fue tirar un dardo envenenado a la 4T? La existencia de conflictos de interés en el gobierno son un asunto de interés público que deben ventilarse.

Tercero, la trayectoria profesional y académica del exsecretario de Hacienda es de gran relevancia, misma que se percibe más estrechamente vinculada los proyectos económicos y de desarrollo de los gobiernos del pasado que con los de la 4T. El coordinador de la bancada de Morena en el Senado, el Dr. Ricardo Monreal, lo dijo claramente: “Urzúa se fue porque no se adaptó a la Cuarta Transformación, mantenía una visión neoliberal en el manejo de las finanzas públicas.”

El presidente López Obrador ha mencionado reiteradamente que uno de los objetivos primordiales de su administración es la transición hacia un nuevo modelo económico nacional que deje atrás las políticas neoliberales e implemente un régimen más cercano a una especie de neokeynesianismo, en donde el gobierno vuelva a tener un papel importante en la economía y en las políticas sociales.

Si lo que está de por medio es la transformación del modelo económico, es claro que el presidente López Obrador no puede continuar con la misma visión economicista de los ámbitos político y social, las mismas bases ideológicas y las mismas prácticas en el gobierno. Una transformación de esta magnitud necesita de un cambio diametral en todos los sectores y en la función pública, tanto de forma como de fondo. Se trata de una empresa que, como lo hemos visto hasta ahora, no será nada fácil.

Si damos una hojeada al proyecto de Plan Nacional de desarrollo desarrollado por la SHCP, entiéndase Urzúa, y el Plan que se elaboró por la Presidencia de la República y que fue publicado ya, podemos ver claramente la diferencia de estilo y de percepción. El primero de más de 200 páginas, el segundo de poco más de 60. Uno con un enfoque más economicista, el segundo claramente discursivo.

En concordancia con este punto, sería un error pasar inadvertido que tan sólo dos días después de haber presentado su renuncia se anunciara la incorporación de Urzúa al Tecnológico de Monterrey como profesor y académico, institución que se ha caracterizado por tener una base ideológica más apegada a los intereses empresariales y de la que han egresado importantes figuras de los sectores político y empresarial.

Finalmente, la renuncia de Carlos Urzúa y anteriormente la del exdirector del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Germán Martínez, comparten similitudes que no deben pasar inadvertidas.

En primer lugar, ambos llegaron de forma tardía al proyecto de país de la 4T, por un lado, Urzúa no había sido el primer personaje contemplado para ocupar la SHCP, sino otros personajes como Adrián Rodríguez Macedo, un economista cercano al Jefe de la Oficina de la Presidencia de la República, Alfonso Romo, y quien murió el 31 de enero de 2018. Además, siempre ha sido cercano al círculo académico y empresarial del Tecnológico de Monterrey. En 2003, cuando López Obrador fungía como Jefe de Gobierno de la CDMX, Urzúa le presentó su renuncia a la Secretaría de Finanzas, con el fin de fundar la Escuela de Gobierno y Transformación Pública (EGTP) en dicha institución.

Por otro lado, Germán Martínez se incorporó a Morena hasta 2018, pero su estirpe es panista, de 1997 a 2000 fue diputado federal del PAN, en 2007 fue presidente del CEN del mismo partido y es un personaje muy cercano al expresidente Felipe Calderón, en cuyo sexenio ocupó el cargo de secretario de la Función Pública.

De igual forma, ambos exfuncionarios presentaron su renuncia a través de una carta que, por su contenido y difusión, parecían tener el objetivo de desestabilizar al gobierno de López Obrador, evidenciando conflictos internos que, por su naturaleza, debieran ser resueltos al interior del Gobierno Federal. No obstante, en sus cartas, ambos criticaron fuertemente las decisiones de la nueva administración y acusaron la injerencia de ciertos personajes dentro del gobierno.

Imposiciones, injerencias y desacuerdos en la toma de decisiones, fueron los argumentos en común que ambos funcionarios presentaron para explicar su salida, y son argumentos muy válidos, sin embargo, ¿era necesario presentar su renuncia con tal estridencia pública? La forma como salieron del Gobierno Federal da la impresión de que en esos momentos se encontraban presos de la ira, humillados y con sed de venganza, ¿su actuar se relaciona con las quejas por supuestas injerencias?

En conferencia de prensa, al siguiente día de haber aceptado la renuncia de Urzúa, el Presidente López Obrador no descartó que pudieran ocurrir más renuncias en su gabinete, quizás a sabiendas o sospechas de que puedan existir más caballos de Troya al interior de su gobierno.

A modo de adenda

Una semana después de que Carlos Urzúa presentó su renuncia de la SHCP, la Revista Proceso publicó una entrevista realizada al exfuncionario, en la que habla de sus principales discrepancias con el presidente López Obrador y a la luz sobre algunos de los tópicos tratados en el presente artículo, por lo que vale la pena señalar los siguientes puntos:

  1. Hoy sabemos que Urzúa había propuesto al Presidente presentar su renuncia en sábado para evitar efectos negativos en los mercados, fue López Obrador quien prefirió no esperar, por ello es pertinente preguntarse, ¿sabía de antemano el Presidente que la salida de Urzúa no causaría graves afectaciones?
  2. Las discrepancias en materia de economía y política pública que menciona en su carta son: la cancelación del aeropuerto de Texcoco, la construcción de la refinería de Dos Bocas, el Plan de Negocios de Pemex y la política de austeridad; estos son básicamente los principales ejes de política pública del actual gobierno, ¿por qué aceptó entonces formar parte del proyecto de la 4T?, ¿esperaba poder influir en la toma de decisiones sobre estos asuntos?
  3. El personaje injerencista y con supuesto conflicto de interés se llama Alfonso Romo, pero Urzúa, en lugar de fundamentar su acusación con pruebas, prefirió juzgarlo ideológicamente, al señalarlo como un hombre de extrema derecha, que oscila entre el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, y adorador del dictador Augusto Pinochet y del sacerdote pederasta Marcial Maciel. Es evidente el rencor que aún tiene el exsecretario hacia Romo, pero si en verdad tiene pruebas para demostrar la existencia de un conflicto de interés, debería presentarlas.

Las últimas declaraciones de Urzúa, no sólo terminan por reforzar los argumentos aquí esgrimidos, sino que ponen en evidencia la existencia de profundos desacuerdos y enemistades al interior de la 4T que, como en el caso de Carlos Urzúa y Germán Martínez, pueden desembocar en deserciones y deslealtades que, de ser constantes, tendrían la capacidad de minar el proyecto del presidente López Obrador.

Foto: Cuartoscuro, 2019

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