Perspectivas Geopolíticas

El péndulo democrático y las elecciones presidenciales de EE.UU. en 2020

Contrasta la falta de liderazgo de una figura dentro de Partido Demócrata, que si bien puede recaer en Joe Biden, falta mucho trabajo para formarla, y que a su vez absorba todas las necesidades de contrapeso que necesita ante la administración Trumpista, dando visos de que posiblemente se cumpla el segundo periodo presidencial republicano.

El próximo 3 de noviembre de 2020 se llevará a cabo la Elección Presidencial número 59 de Estados Unidos de América, proceso que permitirá, formalmente, la participación de un candidato Demócrata (previa elección interna) para contender contra el participante más fuerte del Partido Republicano: el actual Presidente Donald John Trump. Esto abre la puerta, virtualmente, al análisis entre la posible transición o la continuidad de la visión proteccionista de la administración en turno.

El proceso electoral estadounidense admite en esta contienda que los ciudadanos que así lo deseen pueden afiliarse a algún partido político que ostente alguna de las principales corrientes ideológicas del liberalismo democrático anglosajón con que se identifiquen, apoyados por donantes que permitan financiar este proceso como participantes activos, con el objetivo de ser los precandidatos que compitan por ser el candidato su partido. El proceso empieza desde la primavera del año anterior al que se llevarán las elecciones; es en ese mismo verano y hasta la primavera del siguiente año que se realizan los debates previos a las elecciones primarias, las cuales se realizan dentro del primer semestre del año electoral, permitiendo depurar candidaturas.

Es importante resaltar que las asambleas de los partidos políticos permiten organizar finalmente las convenciones nacionales de cada instituto con el objeto de que surja un ganador que represente íntegramente a todos sus correligionarios, y que da pie para que entre los meses de septiembre y octubre de este mismo año los candidatos puedan participar en debates presidenciales, ofreciendo las bases de su agenda política, la cual marcará los trazos de su política interna y exterior dentro de la Casa Blanca por los siguientes cuatro años.

Posteriormente, y con el objeto de dar validez a este acto en diciembre de 2020, todos los miembros del Colegio Electoral depositarán sus votos para que en enero del año siguiente el Congreso pueda contarlos y confirmar definitivamente al ganador, quien el 20 de enero de 2021, podrá inaugurar su presidencia o dar continuidad (de ser el caso), dentro de esta democracia indirecta.

Para ello es relevante el análisis del papel del Colegio Electoral, el cual está integrado por 538 electores dentro de los 50 estados de la Unión, y basta con una mayoría de 270 votos electorales para elegir al futuro Presidente, ya que el número de votos electorales de cada estado es igual al número de sus senadores más el número de sus representantes, y por esto la histórica relevancia política de los estados que cuentan con más votos, como lo son California, con 55; Texas, con 38; Nueva York y Florida, con 29 cada uno.

Teniendo esto en mente para las elecciones del año 2016, se comprende el triunfo contundente del Presidente Trump, quien ganó con 304 votos electorales en 30 estados en contra de Hillary Clinton, la ex Secretaria de Estado, y quien cabe destacar ganó el voto popular en 20 estados, contabilizando más de 2 millones de votos más que su contrincante. Sólo obtuvo 227 votos electorales, por lo que no bastó con ser más apoyada con este tipo de voto y no en la mayoría de los estados como marca el Colegio Electoral.

Actualmente, los encabezados informativos comparten el avance del inicio de este proceso de elección presidencial, destacando que no sorprende la decisión del Presidente Trump por reelegirse, ya que presentó formalmente la documentación para la misma exactamente un día después de su toma de posesión en enero de 2017, tras lo cual no ha parado de hacer actos de campaña, declaraciones y acciones encaminadas con este fin, tras llegar a su encargo en la Casa Blanca.

Fue entonces que Donald J. Trump, Presidente número 45 de la historia de EE.UU., anunció oficialmente su intención por buscar otro período presidencial de cuatro años, en Orlando, Florida, el 19 de junio de 2019, compitiendo internamente solo contra el exgobernador de Massachusetts, Bill Weld, quien lanzó también su intención con una opaca participación por la candidatura republicana, pues refleja una clara desventaja en las encuestas internas (por lo que se espera que su participación no trascienda).

Por otro lado, en la carrera Demócrata, de entre los precandidatos que buscan ser la figura electa y competir por la presidencia de EE.UU., han destacado diversos perfiles (para ser precisos: 24), pero solo cuatro se consideran los más destacados, encabezándolos Joseph Robinette “Joe” Biden, Jr., quien es ex Vicepresidente de EE.UU. y actualmente Senador por el estado de Delaware, y se presenta como el candidato favorito hasta el momento. Tiene el reconocimiento de ser el ex Vicepresidente número 47 y el primero en ser católico en este encargo, con un amplio potencial para recaudar fuertes sumas de dinero para su campaña.

El segundo es Bernard “Bernie” Sanders, senador por Vermont, quien fuera el constructor de un movimiento político que dio una sacudida al Partido Demócrata en 2016. Ha sido crítico de la política exterior de su país y un luchador destacado de las libertades y los derechos civiles de los estadounidenses.

Por otra parte, surgen dos rostros que dan a la competencia un viso importante en cuanto a la representación de algunas minorías segregadas históricamente en este país: son Kamala Harris, de 54 años, Senadora por California, quien fuera Fiscal General de ese estado por más de seis años y aspira a convertirse en la primera presidenta negra de EE.UU; así como el Alcalde de la Ciudad de South Bend, Indiana, Peter Paul Montgomery Buttigieg, conocido como “Pete Buttigieg”, de 37 años, quien es por mucho el que atrajo la mayor atención de la población joven. Es veterano de la guerra de Afganistán y declarado abiertamente homosexual, hecho inédito en la historia de este tipo de procesos en EE.UU., es considerado ahora como el caballo negro de la contienda, pues tras cualquier encuesta fiable su tendencia es a la alza, incluso Joe Biden lo considera un serio rival.

Cabe destacar que dentro de estos cuatro perfiles es muy posible que puedan estar los candidatos de las elecciones primarias y el candidato final que represente los intereses demócratas en la elección del año siguiente.

Ahora bien, de lo señalado hasta el momento, cabría realizar la aplicación de la teoría del péndulo democrático para leer las contiendas electorales en turno. Ésta nos indica la continuidad de dos períodos presidenciales del mismo partido, como en esta ocasión la administración republicana, a menos que se compruebe que el Presidente ha incurrido verdaderamente en actos de corrupción y como consecuencia pueda poner en riesgo el periodo actual. Esto no se ve previsible, pues el mayor riesgo político se terminó con la resolución de la investigación del fiscal especial, Robert Swan Mueller III, y su informe, el cual evitó de momento que se preparara formalmente un proceso de Impeachment al Presidente Trump (resultando casi absuelto).

No así, no obstante lo anterior, sucede lo mismo con las investigaciones que siguen el rumbo dentro de Congreso, que observarán su conducta y determinarán por completo los posibles vínculos para que llegará a la Presidencia con ayuda del Gobierno Ruso.

Además de contar con amplio respaldo de la población blanca, anglosajona y protestante (WASP, por sus siglas en inglés), base que lo llevó a ganar en 2016, y quienes rechazan la influencia de cualquier etnia, nacionalidad o cultura ajena a la suya y defienden los valores tradicionales estadounidenses, lo que permite este choque cultural constante y el alza en el índice de actos de odio, racistas y supremacistas blancos, así como el apoyo de los empresarios para la continuación de la guerra comercial que se tiene a escala global en contra de los países con los que se considera se tiene un déficit comercial o hay ciertos intereses injerencistas en cuanto a su territorio o recursos naturales en otras regiones del planeta.

Asimismo, contrasta la falta de liderazgo de una figura dentro de Partido Demócrata, que si bien puede recaer en Joe Biden, falta mucho trabajo para formarla, y que a su vez absorba todas las necesidades de contrapeso que necesita ante la administración Trumpista, dando visos de que posiblemente se cumpla el segundo periodo presidencial republicano.

Esta imperfecta teoría nos muestra que al menos los últimos cinco mandatos han sido de reelección, pues lo permite el sistema democrático de EE.UU. Han ido intercalando el poder entre los dos partidos políticos, Demócratas y Republicanos. Ahora sería posible, por esta vía, la continuidad del Presidente Donald J. Trump, con amplia ventaja. Avocándonos a las tendencias que muestran los datos históricos, es posible afirmar que esto sucede desde el mandato del ex presidente George Herbert Walker Bush (y hasta Barack Hussein Obama II). Pero también hay que recordar que la misma imperfección de la teoría, así como la inacabada comprensión de la realidad, permite que se reconstruya la historia, que se pause o de vuelcos ante lo extraordinario, esto es el porqué de que se esté escribiendo aún.

Imagen: Mario Chaparro, La Vanguardia, 2018

1 comment on “El péndulo democrático y las elecciones presidenciales de EE.UU. en 2020

  1. Excelente artículo.

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