Perspectivas Geopolíticas

Porque no hay quinto malo

La unanimidad regional por la candidatura de México es un elemento que debe capitalizarse, sobre todo porque los países de la región no nos percibían como aquel líder cuya voz pudiera exponer sus inquietudes y necesidades.

El pasado 28 de junio fuimos apoyados de manera unánime por el Grupo Regional de América Latina y el Caribe (GRULAC), para fungir por quinta vez como miembro no permanente del Consejo de Seguridad, en el periodo 2021 – 2022. Este hecho es relevante dado el contexto internacional que vivimos, a saber: un fuerte cuestionamiento a las políticas neoliberales, evidentes crisis humanitarias producto de esto, ausencia de claridad en las reglas del juego político internacional y alrededor de este clima obnubilado, aún continúan vigentes algunas estructuras internacionales que datan del fin de la Segunda Guerra Mundial, entre ellas el Consejo de Seguridad.

Obtener un asiento como miembro no permanente no es una situación menor, ya que las facultades que la Carta de Naciones Unidas le confiere al Consejo de Seguridad[1], son amplias, entre ellas se destacan tres:

  • Mantener la paz y seguridad internacionales de conformidad con los propósitos y principios de las Naciones Unidas.
  • Investigar toda controversia o situación que pueda crear fricción internacional.
  • Determinar si existe una amenaza a la paz o un acto de agresión y recomendar qué medidas se deben adoptar.

La pregunta inevitable frente a esta nueva candidatura es ¿para qué?, pues es un hecho que como miembro no permanente, el voto se ve limitado por la presencia del derecho de veto que mantienen los cinco miembros permanentes. Sin embargo, no podemos desconocer que el Consejo de Seguridad trabaja también por medio de Comités y Grupos de trabajo, en donde la labor de México resulta fundamental, como lo fue para el tema del desarme y su actuación ante la participación de niños en conflictos armados, correspondientes a las resoluciones 1540 y la 1882, respectivamente.

Aunado a que, como menciona Arturo Sotomayor (2008: 266), la actividad y relevancia del Consejo de Seguridad no se desprenden de la Carta de las Naciones Unidas ni de sus procesos de toma de decisión, sino de los acuerdos informales que ahí se establecen entre las grandes potencias.

Como reflexión complementaria, estos acercamientos informales no sólo se dan entre grandes potencias, lo cual es relevante en términos regionales para México, ya que es evidente que la migración es un fenómeno que afecta a todo el mundo, por lo que trastoca el tema de la seguridad internacional, es decir, uno de los tópicos a los que debe su labor el Consejo de Seguridad.

Desde un análisis político, la unanimidad regional por la candidatura de México es un elemento que debe capitalizarse, sobre todo porque los países de la región no nos percibían como aquel líder cuya voz pudiera exponer sus inquietudes y necesidades. Hoy, a diferencia de sus antecesores, el presidente López Obrador ha sido claro en definir a América Latina y el Caribe como una prioridad, lo cual geopolíticamente es benéfico, siempre y cuando se tenga la estrategia correcta y el escenario adecuado para ello[2].

De esta manera, ahora que México recibió el aval del GRULAC para representar a la región en el Consejo de Seguridad, deberá posicionar en la agenda de negociación los temas que nos aquejan entre ellos el de la migración y ser capaz de plantearlo como un fenómeno global que afecta la paz y seguridad internacional.

El escenario parece viable, en función de que los países que iniciarán la labor a la par que México, también adolecen de este problema, entre ellos: Alemania, Sudáfrica, Indonesia y República Dominicana. El verdadero reto consiste en que visualicen el problema de la migración bajo la misma postura, de manera que puedan llegar a un consenso, ya que si bien el gobierno alemán identifica este mal, la atención solidaria que le da al mismo, ahora con la inestabilidad política que viven[3], es mínimo, pues la tendencia global es el endurecimiento de políticas migratorias e incluso la creación de policías fronterizas, como se percibe en los “centros de anclaje” que tienen en Baviera.

De ahí la importancia de que México prevea estos contextos y que desde la posición como miembro no permanente complemente su actuar con las acciones que emprenda en las cuatro comisiones del Consejo Económico y Social[4] (ECOSOC), en las cuales ya fuimos electos. En resumen, se espera que haya una estrategia clara de la política exterior, en donde se hayan valorado costos y riesgos.

En muchas ocasiones se cuestiona la participación de México porque las posturas pueden diferir de las que presente Estados Unidos; sin embargo, adoptar una posición pasiva es deslegitimar el poder del multilateralismo, es entregarle el derecho a los otros del designio del futuro de nuestro país.

El legítimo interés de México en participar en estos espacios es positivo y está justificado por el peso político – económico que tenemos y por las contribuciones que realizamos a la Organización de las Naciones Unidas. El único inconveniente que se percibe es la actual postura del presidente Andrés Manuel López Obrador y su reticencia para acudir a eventos internacionales, pues la precedencia es un referente no sólo de forma sino de fondo. El que el propio Presidente no acuda a reuniones de Alto Nivel tiene un significado político relevante. En el caso de las reuniones del Consejo de Seguridad, éstas estarán a cargo del embajador Juan Ramón de la Fuente, pero no olvidemos que en algunas ocasiones, dada la relevancia de ciertos asuntos a tratar, suelen acudir los mandatarios.

De aquí al 2020 pueden acontecer muchas cosas, pero sería una lástima que, la labor de un Grupo de Trabajo en el que México participe con ahínco se desestime si a una reunión dejara de acudir el Presidente.

Foto: Municipios, 2018

Referencias.
[1] Vid. Capítulos VI, VII, VIII y XII de la Carta de Naciones Unidas.
[2] Vid., Gizelle Rivera Contreras, “La receta de Joseph Stiglitz para México” en Forbes México, Febrero 23 2017.
[3] El pasado 2 de junio, Andrea Nahles, líder del Partido Social Demócrata alemán dimitió y con ello puso en franca debilidad la Gran coalición que era sostenida por el PSD y la Unión Cristianodemócrata de Angela Merkel.
[4] Comisión de Estupefacientes, la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer, la Junta Ejecutiva de ONU Mujeres y el Foro Permanente sobre Cuestiones Indígenas.

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