Cultura

Rutas sobre la apropiación cultural

A pesar de los devenires sistemáticos de la humanidad la cultura estará presente como fundamento y resultante de la misma, por lo que hacer más consciente el papel que representa abre una posibilidad de nuevos límites, no restringidos por el pasado ni prohibidos por el futuro.

El mantón de manila y la apropiación cultural

El tema –al igual que el término– de cultura ha sido desde hace varios siglos uno de los enigmas más complejos de la humanidad al nivel de los secretos del océano, las maravillas del universo y la complejidad del ser; sin embargo, la gran diferencia con los otros temas consiste en que la cultura presenta constantes publicaciones académicas, artículos especializados, posturas teóricas y notas de opinión que engrosan día a día su acervo. Siempre surge o regresa algo en ella, dejando a estudiosos, curiosos y colaterales con más preguntas que respuestas.

A recientes fechas han surgido distintos casos –un llamado de atención– sobre cómo empresas textiles trasnacionales se han apropiado de diseños y motivos tradicionales de poblaciones originarias para complementar o generar prendas, abarcando gran parte de la escala adquisitiva de la sociedad, “robar para crear”, ¿no ha sido así la forma de ser de la humanidad desde siempre? Para verlo, un claro ejemplo de ello es el llamado “mantón de manila”, pieza clave de la vinculación intercontinental durante la colonización del Nuevo Mundo desde el siglo XVI.

Esta pieza era producida con seda de China –tomada de los mongoles–, su punto de origen real y se comercializaba en el puerto de Manila, Filipinas[1], que cabe recordar llegó a formar parte del dominio español y gracias al “Galeón de Manila” o la “Nao de China” donde este producto surcaba el océano Pacífico hacia la Nueva España, específicamente al puerto de Acapulco. Una vez en tierra, su transporte debía recorrer el territorio hasta la parada obligatoria en la Ciudad de México, centro neurálgico de la administración comercial de la corona española en el continente americano y de ahí retomaba su camino hasta el Puerto de Veracruz donde habría de navegar a través del caribe y el Atlántico en la Flota de Indias hasta suelo europeo, especialmente el puerto de Cádiz, España.

El exotismo del material, los motivos florares, forma y componentes hicieron de este bien una prenda imprescindible en la vida en Asia, América y Europa, especialmente en la femineidad, como describió Benito Pérez Galdós en su obra Fortunata y Jacinta: “Envolverse en él es como vestirse con un cuadro. La industria moderna no inventará nada que iguale a la ingenua poesía del mantón, salpicado de flores, flexible, pegadizo y mate, con aquel fleco que tiene algo de los enredos del sueño y aquella brillantez de color que iluminaba las muchedumbres en los tiempos en que su uso era general”.[2]

Hecho, que al igual que la humanidad, habría de degradarse muy lentamente ya que poco a poco pasaría de ser de uso común a exclusivo, una prenda de gala atemporal.

Esta prenda hermosa se va desterrando, y sólo el pueblo la conserva con admirable instinto. Lo saca de las arcas en las grandes épocas de la vida, en los bautizos y en las bodas, como se da al viento un himno de alegría en el cual hay una estrofa para la patria. El mantón sería una prenda vulgar si tuviera la ciencia del diseño; no lo es por conservar el carácter de las artes primitivas y populares; es como la leyenda, como los cuentos de la infancia, candoroso y rico de color, fácilmente comprensible y refractario a los cambios de la moda.[3]

Cuatro siglos después, el mantón continúa presente en los hombros de sinnúmero de mujeres que le portarían como parte de ellas, entre el flamenco, el teatro, la pintura, la fotografía, la zarzuela y la vida cotidiana. Ante este recorrido salta a la vista que generalmente se celebra la historia de la prenda gracias al romanticismo con el que se relata sin escatimar en las demandas actuales, recalcado por varios aspectos contemporáneos: los vínculos y pormenores socioeconómicos:

“[…] todos los sistemas sociales entrañan significación, o sea, sistemas <<culturales>> […] porque evita las definiciones con un afán excluyente y las amplias pero inútiles, aunque realmente sigue siendo una reformulación de la dicotomía tradicional entre los estético y lo instrumental y se presta al tipo de objeciones que normalmente se han vertido sobre esta última.”[4]

Así como el comodín de la libre expresión, la híper velocidad y la amplia accesibilidad a la información. En otras palabras, parece ser que entre el pasado y el presente, en el tema cultural ha habido una cierta disolución del poder.

“Poder” no sólo significa los decretos reales sobre el vestido, las políticas impositivas y tributarias del Estado moderno, la dominación del conocimiento o la fuerza del capital, sino también la atracción que ejercían los grupos externos o el poder de la moda establecida por los sectores de un país y del extranjero. Todo esto dio lugar a la filiación de hábitos de consumo. La mezcla resultante nos muestra […] los hábitos que conforman actualmente la cultura material de América Latina.[5]

Gracias a la visibilidad que brinda la comunicación digital, la meca de la libertad, ha surgido una terminología sobre estas prácticas culturales:

  • Apropiación: “[…] se da básicamente cuando una cultura mayoritaria toma elementos o prácticas de una cultura minoritaria, por las cuales esa cultura ha sido oprimida o perseguida a lo largo de la historia”[6];
  • Asimilación: “[…] implica que personas de grupos minoritarios adoptan elementos de una cultura dominante porque esa adopción de esos elementos les facilita la experiencia y, a fin de cuentas, la vida dentro de esa cultura dominante”[7]

Tan gráfica explicación de Desirée Bela-Lobedde[8] (locutora de estas definiciones), finaliza recalcando que al momento de la apropiación, las expresiones “[…] se suelen descontextualizar, se desproveen de todo significado y además se utilizan con fines lucrativos”[9]; como se mencionó, ¿acaso no eran así las cosas? Este cambio en la percepción y la exposición de las prácticas económico-culturales conlleva a ser analizado bajo otras herramientas, como lo que discute James O. Young en su ensayo Cultural Appropiation and the Arts (2010), que desde una perspectiva filosófica, fiel entre la ética y la estética, profundiza el tema y arrojar una serie de tipologías que buscan dar mayor comprensión al fenómeno de la apropiación cultural:

  • Apropiación objetiva (material): “[…] ocurre a partir de la posesión o adquisición de objetos artísticos (tales como esculturas o pinturas) y su transferencia desde los miembros de una cultura hacia miembros de otra cultura.”[10]
  • Apropiación de contenido (inmaterial): “[…] un artista ha reutilizado significativamente una idea expresada originalmente en la obra del artista de otra cultura.”[11]
  • Apropiación estilística: “Algo menos que una completa expresión de una idea artística puede ser apropiada. En algunas ocasiones los artistas no reproducen obras producidas por otras culturas, sin embargo, toman algo de ellas. En tales casos, los artistas producen obras con elementos estilísticos en común con las obras de otra cultura.”[12]
  • Apropiación de motivos: “Esto ocurre cuando los artistas son influenciados por el arte de una cultura ajena a la suya sin crear obras del mismo estilo”[13]
  • Apropiación de sujetos o Apropiación de la voz: “En diversas discusiones sobre apropiación cultural se han recalcado las preocupaciones sobre los forasteros que representan en sus obras artísticas individuos o instituciones de otra cultura […] Cuando ocurre no se apropia de la obra artística de una cultura. En su defecto, los artistas se apropian de un tema sobre otra cultura o alguno(s) de sus miembros”[14]; “Escritores y artistas necesariamente se vinculan con las experiencias de otros. Una cultura no le pertenece a nadie, pero todos habitamos una y al hacerlo, uno encuentra las herramientas para llegar a otras culturas”[15]

Afrontar el hecho de que la cultura material se ha desarrollado –y seguirá haciéndolo– por medio del abuso de la humanidad misma contra estos puntos pueden lapidar las viejas concepciones sobre el genio, los dones artísticos, la originalidad a merced de la crítica, invalidándolas o incluso recriminándolas de ilegalidades que violentaron los derechos humanos, tanto individuales como colectivos; no obstante, esta convención no parecía importar hasta hace poco, especialmente, por su invisibilidad social: simplemente sucedía.

Pero aquí cabe destacar que la discusión sobre la apropiación cultural parece rehuir del concepto cultura, por ello retomaremos dicho concepto desde la presentación crítica de Terry Eagleton en La idea de cultura: una mirada política sobre los conflictos culturales (2010), debido a que su perspectiva marxista abarca una visiones más relacionadas a los hechos contemporáneos y en especial, mira al objeto en cuestión como una sucesión de fenómenos vinculados y concatenados, que para esta intervención me parece una postura crucial –a pesar de no ser la única– por su forma de presentar la cultura como algo más complejo que cada vez toma mayor presencia en nuestra consciencia.

Eagleton visibiliza la cultura como un convenio histórico, filosófico y político[16] que, desde la dicotomía utopía y realidad[17] ha permitido a la humanidad vincularse crítica y bilateralmente entre lo universal y lo individual[18]; sin embargo, desde mediados del siglo XX, la cultura ha sido enfocada para significar “[…] la afirmación de identidades específicas –nacionales, sexuales, étnicas, regionales– en vez de su superación”[19], propiciando por lo tanto una triada de conflictos culturales:

  • La cultura como civilidad: “El arte define aquello en arras de lo que vivimos, pero no vivimos en aras del arte.”[20] La experiencia y el desarrollo.
  • La cultura como identidad: “[…] a veces se necesita una identidad para ser libre de abandonarla.”[21] La despreocupación o más bien, la ocupación del individuo una vez satisfecha su necesidad de pertenencia; somos seres sociales.
  • La cultura como comercio o posmoderna: “[…] cuanto más se comercializa una cultura, mayor es el grado con el que la imposición de la disciplina de mercado empuja a sus productores a abrazar los valores conservadores de la prudencia, la resistencia a la innovación y el temor a producir alguna alteración. El mercado es el mejor mecanismo para conseguir que una sociedad se sienta más y más liberada, pero siga siendo profundamente reaccionaria.”[22]

Aparentemente navegamos en un mar de tres tonos distintos que pueden atravesarse sin problema, pero que al hacerlo no se entremezclan entre sí. Sus densidades conviven con sus propios partícipes y a su vez detractores, ¿es posible una conciliación?

Entre banderas y calzones

Con base en los conflictos culturales, el fenómeno de la apropiación cultural tiene cabida dentro de los tres escaños de los conflictos culturales mencionados anteriormente, de menor a mayor proporción siguiendo el orden establecido. En primer lugar se prefigura una delgada línea entre adoptar y apropiar ya que durante el desarrollo de un individuo (desde la familia y a lo largo de su vida) aprecia, imita, adopta y se apropia de los criterios de su ambiente (social y natural), por lo que en lo cultural pasa desapercibida entre las innumerables escalas sociales, de cierto modo se consolida una consciencia que se va desdibujando poco a poco en medida que la identidad pasa del discurso (inmaterial) a bien (material), propiciando así que la búsqueda de satisfacción se perjudique con la adhesión de factores netamente subjetivos. “Los dos sentidos centrales de la <<cultura>>, pues, poseen una distribución social: la cultura como un cuerpo de trabajo artístico e intelectual queda reservado a la elite, mientras que la cultura, en su sentido antropológico, pertenece a la gente común. Lo crucial, sin embargo, es que esas dos formas de cultura se solapan una con la otra.[23]

Un caso innegable de esto es la adaptación, distribución y adquisición de símbolos patrios sobre objetos cotidianos; un calzoncillo con la bandera americana abarca desde ser un sinónimo de patriotismo hasta símbolo de dominación inconsciente, ya que “[…] mucha gente adquiere bienes sólo para exhibirlos como signos de identidad y para levantar su autoestima […] producir la sensación de unicidad o de identificación con un grupo o, incluso, una nación”, como ha sucedido también con el desarrollo de “apps” para aprender lenguas originarias, el arte urbano con y de motivos prehispánicos[24], entre otros tantos casos. No obstante, lo que se aqueja en la balanza de Young es hacia dónde se inclina: ¿lo moral, lo estético? O quizás hay algo más.

Los artistas plasman sus experiencias en sus obras y al hacerlo, representan lo que es propio de ellos. No representan la experiencia de nadie más. Cuando los artistas representan su experiencia de otras culturas, dejan a los nativos con sus experiencias. No son apropiados. Pero otras culturas se incluyen en las experiencias de los artistas, de tal modo que no necesitan apropiarse de experiencia alguna aun cuando les fuese posible hacerlo.[25]

Si la cultura surge de manera espontánea, nace desde lo emotivo[26], entonces, ¿por qué algunos de los objetos, saberes, acciones y expresiones pasan de ser de unos pocos a todos (o su mayoría)? Trascienden hacia una parte de la esencia humana a través de la universalización, hecho que produce cambios en la composición axiológica de estos, siendo uno de sus efectos es el desdibujo consciente de origen y significado de bienes o actos. Por ejemplo, “[…] los bienes de consumo –incluyendo el cotidiano ritual de comenzar el café– son indispensables para celebrar esos momentos que permean nuestro universo social y delimitan las relaciones sociales.”[27] Antes de la exportación del café, este solo pertenecía a una zona de medio oriente, y ahora se encuentran diversas variedades gracias a su desarrollo en otras zonas del planeta, hasta incluso los métodos de preparación son variados y sobre todo, identificables por su origen de creación: prensa francesa, café americano, espresso (en italiano), cappuccino (originado en Viena), al igual que el chocolate suizo. Otro caso similar está en la forma de nombrar las cosas: ¿debería ofender o representar motivo para una demanda colectiva por parte de los pueblos árabes a todo el que repita almohada (al-mujadda) o a los mexicas por decir aguacate (ahuacatl) y así ad infinitum con perdón de los latinos?, ¿Consumir un nopal es celebración o afrenta al lábaro patrio de México? Sabernos similares, pero con la urgencia de ordenar a la forma propia, confirma que “[…] ningún concepto de cultura es verdaderamente autocrítico.”[28] Hecho que propicia que por momentos y para algunos, que estas demandas salgan a la luz parezcan un desperdicio de tiempo y recursos o sencillamente se encasillan como una excentricidad o un fetichismo, cuando ciertamente no lo son.

“Kismet[29]

Generalmente en el tema cultural, desde la axiología, se maneja en frecuencias donde la distanciada ha impedido la toma de intervenciones directas, debido a que la manipulación de los valores, gracias a su polaridad, tiene el poder de desencadenar grades catástrofes humanas, especialmente cuando los ideales logran transformarse en símbolos que complementen a la vez de reafirmar una ideología, recordemos las guerras mundiales, las exterminaciones (de todo tipo de seres humanos), persecuciones, guerras, etcétera y etcétera. Evidenciar el paso trepidante de los sistemas económicos, en este caso, no sólo son la búsqueda de esbozar las bases de una moral cultural, porque “[…] un sistema sin límites aparentes es susceptible de sufrir, sino una crisis de ganancias, sí al menos una crisis de identidad […] lo que divide al mundo son los mismos procesos que, se supone, deberían unirlo.”[30] Las empresas trasnacionales tienen sus modos y formas en el diseño y manufactura de sus prendas, así como los pueblos originarias las suyas, por lo que el rechazo de la invasión económica y productiva de los símbolos es un síntoma del ánimo globalizador, sin embargo, a diferencia de las declaratorias de patrimonio mundial, la falla discursiva está en que se olvida el punto principal de que la humanidad es la unidad compuesta por distintas formas y modos.

Con todo lo anterior, parece conveniente resumir que la cultura es el espejo quebrado donde la humanidad refleja un destello de sí, y al intentar atestiguarlo se aproxima y pierde el rastro, es inmediatamente nublado por su propia respiración. A pesar de los devenires sistemáticos de la humanidad la cultura estará presente como fundamento y resultante de la misma, por lo que hacer más consciente el papel que representa abre una posibilidad de nuevos límites, no restringidos por el pasado ni prohibidos por el futuro. El año pasado se llevó a cabo el Beethovenfest[31] en la ciudad de Bonn, Alemania, en donde India fue el país invitado, lo que dio pie a la composición y representación de la pieza “Kismet[32]”, una obra nueva que tiene su distancia de la tradición alemana y la hindú aunque en ella se utilicen instrumentos típicos de cada nación; otro caso sería la producción discográfica experimental y conceptual “El mal querer” de Rosalía[33], donde convergen la novela occitana[34] del siglo XIII “Flamenca” o “El Román de Flamenca”, de autor anónimo; la producción musical contemporánea y el flamenco. Cada uno de estos casos no pasan desapercibidos debido a que gracias a ellos se dio un avance sustancial para ver la cultura de una manera distinta, como mencioné líneas arriba, compaginando diversidad e individualidad, como la muerte de una estrella que brilla sobre el firmamento, que si volteamos al cielo nocturno –a pesar de la densidad de contaminantes en las ciudades– podremos dar cuenta de la vastedad de posibilidades es similar a la infinitud de pasos que hemos dado desde hace miles de años.

Referencias

[1] Recordemos que el nombre de Filipinas es una suerte de homenaje al entonces infante Felipe II.
[2] Pérez Galdós, Benito (2003) Fortunata y Jacinta: dos historias de casadas, Biblioteca Virtual, p. 12. Consultado en junio de 2019, disponible en: http://www.biblioteca.org.ar/libros/92692.pdf 
[3] Ídem.
[4] Eagleton, Terry (2010) La idea de cultura: una mirada política sobre los conflictos culturales, Colección Contextos Ideas, España: Paidós. Pág. 67.
[5] Bauer, Arnold J. (2002) Somos lo que compramos: historia de la cultura material en América Latina. México: Taurus, Pág. 17.
[6] Playground (5 de agosto de 2018). ¿Qué es la “apropiación cultural”? ¿Qué podemos hacer para no caer en ella? [Archivo de video]. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=Zqd-54atZF0
[7] Ídem.
[8] (1978) Escritora y comunicadora española afrodescendiente de ascendencia ecuatoguineana, feminista y activista contra el racismo.
[9] Ídem.
[10] “Object appropriation occurs when the possession of a tangible work of art (such as a sculpture or a painting) is transferred from members of one culture to members of another culture.” Traducción del autor, Young, James O. (2010) Cultural Appropiation and the Arts, United Kingdom: John Wiley & Sons Ltd, Pág. 6.
[11] “[…] an artist has made significant reuse of an idea first expressed in the work of an artist from another culture”. Traducción del autor. Ídem.
[12] “Something  less  than  an  entire  expression  of  an  artistic  idea  can  beappropriated.  Sometimes  artists  do  not  reproduce  works  produced  byanother culture, but still take something from that culture. In such cases,artists produce works with stylistic elements in common with the worksof  another  culture”. Traducción del autor, Ídem.
[13] “It  occurs  when  artists  are  influenced  by  the  art  of  a  culture  otherthan  their  own  without  creating  works  in  the  same  style”. Traducción del autor, Ídem.
[14] “In many discussions of cultural appropriation, concerns havebeen  raised  about  outsiders  who  represent  in  their  artworks  individualsor institutions from another culture. […]When  this  sort  of  appropriationoccurs  no  artistic  product  of  a  culture  is  appropriated.  Instead  artistsappropriate a subject matter, namely another culture or some of its members.” Traduccion del autor, Ibíd. pág. 7.
[15] Malik, Kenan (2017) “In Defense Of Cultural Appropiation”, The New York Times, consultado en junio de 2019. Disponible en: https://www.nytimes.com/2017/06/14/opinion/in-defense-of-cultural-appropriation.html
[16] Eagleton, 2010: 41. El tema de la cultura se remonta desde la invención de la agricultura y su desarrollo fue paulatino con los distintos procesos históricos donde el poder hizo a la cultura, especialmente las artes, como parte de su discurso en la formación y desarrollo de sociedades.
[17] Ibíd. pág. 46. La cultura es el fiel del presente, el cual se plantea proyectos a futuro, los deseos utópicos, al mismo tiempo que recalca los hechos sucedidos en su momento, desde solo representarlos hasta fungir como medio para el reclamo.
[18] Ibíd. pág. 74. La cultura celebra la comunión de individuos para conjugar comunidades y a su vez cómo estos grupos son una influencia directa en la formación de nuevos integrantes.
[19]Ídem. La híper especialización del posmodernismo, no solo ha influido en el ámbito laboral, sino que también en lo social, haciendo del individuo un ente solitario que poco a poco –en parte por uno de los bemoles de la tecnología– busca evidenciarse más allá del enjambre; para más detalles ver: Han, Byung-Chul. 2018. En el enjambre. Pensamiento Herder. Dirigida por Manuel Cruz. España: Herder Editorial, S.L.
[20] Ibíd. pág. 115.
[21] Ibíd. pág. 118.
[22] Ibíd. págs. 126-127.
[23] Ibíd. pág. 204.
[24] Véase la obra del artista urbano “Saner”.
[25] “Artists represent their own experience in their works. In representingtheir  experience,  artists  represent  what  is  already  theirs.  They  do  notrepresent  the  experience  of  anyone  else.  When  artists  represent  theirexperience of other cultures, the insiders are left with their experiences.They  are  not  appropriated.  Other  cultures  fall  within  the  experience  ofartists  so,  in  representing  other  cultures,  artists  do  not  have  to  appro-priate  anyone’s  experience,  even  if  that  were  posible”. Traducción del autor, Young, 2010: 8.
[26] Eagleton, 2002: 56.
[27] Bauer, 2002: 28.
[28] Eagleton, 2002: 80.
[29] Traducción del inglés: “destino”.
[30] Ibíd. pág. 129.
[31] Festival de música clásica que celebra a la obra del compositor germano desde 1845 cuando se conmemoró su 75º aniversario de nacimiento.
[32] Obra musical compuesta por Bernhard Schimpelsberger & Rakesh Chaurasia y representada junto a la National Youth Orchestra of Germany, disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=4JuaHqbic8Y
[33] Cantante y actriz española.
[34] Región histórica del sur de Francia que integraban las actuales ciudades de Toulouse, Burdeos, Bayona, Marsella, Viella y Clermont-Ferrand, así como también parte de Cataluña, España y la región del Piamonte de Italia.

Foto: Roberto Garrudo, 2016

Ingeniero-Arquitecto por la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura (ESIA), unidad Tecamachalco del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Maestro en Conservación y Restauración de Bienes Culturales Inmuebles por la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía “Manuel del Castillo Negrete” (ENCRyM), del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). ing.arq.fco.casado@gmail.com

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