Epígrafes

Tiempos para regresar

De manera incrédula, la mayoría de los avances tecnológicos se desarrollan en tiempos bélicos. La gran carrera espacial se da gracias a la confrontación gélida de las dos potencias victoriosas de la SGM;  consecuentemente se da la participación de más estados interesados en la exploración espacial en beneficio de sus sociedades, entre ellos, nuestro país.

El espacio ha sido de vital importancia para el desarrollo cultural y científico del ser humano. Desde los ancestrales vigilantes del mar cósmico hasta los actuales artefactos que viajan a través de su inmensidad en el estudio de los límites de nuestro sistema. De manera natural, es el interés veraz de la continua exploración espacial de donde el hombre cultivó e ideó su génesis, y abraza con fuerza la supervivencia incierta de su especie en una conciencia fraternal y universal con el todo.

De manera incrédula, la mayoría de los avances tecnológicos se desarrollan en tiempos bélicos. La gran carrera espacial se da gracias a la confrontación gélida de las dos potencias victoriosas de la SGM;  consecuentemente se da la participación de más estados interesados en la exploración espacial en beneficio de sus sociedades, entre ellos, nuestro país.

México inició la fabricación de los primeros cohetes con motor de combustión en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí con la intención de alcanzar la atmósfera terrestre. En 1962, después de que el estado mexicano crea la Comisión Nacional del Espacio Exterior (CNEE) se logra manufacturar el primer vehículo con motor de propulsión en salir a la atmósfera denominado Mitl 2, con el obstáculo de no poder llevar carga útil consigo.

Con la sede de los juegos olímpicos de 1968, México tuvo que construir su primera estación receptora localizada en el estado de hidalgo y rentar un satélite a Estados Unidos para transmitir por primera vez en televisión, vía satélital y a color, dicho evento deportivo a todo el mundo. Pero a pesar de estos avances las decisiones políticas de nuestro país en la década de los setentas golpeo fuertemente al progreso científico mexicano y termino con la disolución de la CNEE.

Aun así, la dinámica de las comunicaciones en nuestro país fue in crescendo y se compraron los primeros paquetes de satélites geoestacionarios, Morelos I y II, y posteriormente reemplazados por los sistemas Solidaridad I y II en los años noventa. Además, bajo la cooperación de los gobiernos de México y Rusia, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desarrolló dos microsatélites bajo la dirección del Programa Universitario de Investigación y Desarrollo Espacial (PUIDE) para el estudio de impacto de meteoritos en la atmósfera terrestre. Estos fueron los primeros prototipos de satélites fabricados en suelo mexicano.

Para el comienzo del nuevo siglo, surgieron nuevos desafíos para nuestro país y en la búsqueda de satisfacer esas necesidades se condujo a la obtención de nuevos y sofisticados satélites dentro del nuevo Sistema MEXSAT. Además, para el 2010, se conformó nuevamente un organismo espacial que aglutinara el trabajo de los sectores académico, industrial, internacional y gubernamental; y se crea la Agencia Espacial Mexicana (AEM) dando preludio a una nueva etapa en el desarrollo espacial para México, mejorando sus aspectos de seguridad, autonomía, integridad, sustentabilidad y soberanía nacional.

En estos años se desarrolla una nueva carrera espacial en el desarrollo de satélites donde los actores no solo son los Estados nacionales. Las universidades, empresas e individuos contribuyeron al advenimiento de los nanosatélites o cubesat; artefactos que presentan ciertas ventajas frente a los genéricos, principalmente en el costo, volumen, peso y energía.

Desde hace tres años, la Agencia Espacial Mexicana (AEM) cabildeó con la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, de Estados Unidos (NASA), en la cooperación para colocar un nanosatélite a través de uno de los espacios reservados en el contenedor del lanzador que suministra a la Estación Espacial Internacional (ISS); y ser liberado en órbita para cumplir la misión de comunicarse con la constelación GlobalStar.

La constelación GlobalStar consta de 48 satélites de órbita que operan a una altura de 1,414 kilómetros y están colocados en 8 planos orbitales; bajo estas condiciones la constelación es capaz de proporcionar servicios de comunicación a la Tierra. La misión es que el nanosatélite mexicano pueda mandar información a dicha constelación para mejorar el tránsito de datos hacia la Tierra para que sus estaciones lo suban a un sitio de Internet y se pueda obtener la información.

La AEM se apoyó de alumnos y profesores de la carrera en ingeniería aeroespacial de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) para la realización del nanosatélite bautizado como AztechSAT 1, conformado por celdas solares y una estructura externa de aluminio de grado espacial y cinco módulos para su operación y misión.

Hasta el momento, este primer nanosatélite mexicano se encuentra en la etapa de revisión por parte de la NASA para su futuro lanzamiento desde el centro de vuelos espaciales Wallops Flight Facility, en Virginia, Estados Unidos, el próximo mes de octubre.

Hay que recordar que en el 2017, la AEM y el Laboratorio de Instrumentación Espacial (LINX) del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM ya habían participado en conjunto en la fabricación y lanzamiento de un nano satélite llamado Nanoconect I. La diferencia radica en que el cube sat AztechSat I tendrá una órbita espacial dando una vuelta a la Tierra en 90 minutos y su vida útil será mayor a seis meses mientras que el cube sat Nanoconect I alcanzó los 32 kilómetros de altura bajo condiciones suborbitales y tuvo un descenso controlado para una investigación hidrometeorológica.

Podemos notar que el interés y el estudio del espacio ciertamente existen en nuestro país pero necesita una mayor concentración de todos los recursos que pueda haber. Una industria aeroespacial costaba miles de millones de dólares y solo pertenecía a gobiernos. Por primera vez en la historia, los satélites ya no son una competición entre potencias económicas, sino un ejemplo más del poder del abaratamiento de la tecnología que permiten que hasta un estudiante desde casa pueda desarrollar sus propias ideas.

Estamos en la etapa inicial de una serie de proyectos espaciales complejos que detonara el desarrollo científico y tecnológico –ademas del económico y cultural- para nuestro país. Existe un crecimiento constante en la industria aeroespacial, la producción manufacturera en nuestro país encamina una nueva etapa de consolidación e independencia tecnológica. El espacio fue de gran importancia para nuestros antepasados mesoamericanos la cual influyo notablemente en su desarrollo cultural así como su estilo de vida. Continuar con esta labor es fundamental para un país que aspira a unir, fortalecer y mejorar su vida; inclusive ayudar con nuestra experiencia a cada habitante y sociedad de esta linda tierra.

Foto: Más de MX,  2016.

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