Política Interior

Borrar la historia e imponer la versión oficial

Recientemente se está presenciando la nueva temática de la corrección política por eliminar monumentos que al parecer se han vuelto ofensivos... En México, estamos cayendo en una tendencia similar, con la diferencia de que aquí no se trata de ser políticamente correcto, sino más bien un intento del nuevo régimen por borrar la historia y más aún, reimponer la versión oficial.

Recientemente se está presenciando la nueva temática de la corrección política por eliminar monumentos que al parecer se han vuelto ofensivos. Me refiero al caso de Estados Unidos, donde en el sur del país se están retirando monumentos a generales de la Guerra de Secesión y banderas de la otrora Confederación, con el propósito de no herir más la sensibilidad de ciertos sectores de la sociedad americana.

En México, estamos cayendo en una tendencia similar, con la diferencia de que aquí no se trata de ser políticamente correcto, sino más bien un intento del nuevo régimen por borrar la historia y más aún, reimponer la versión oficial, que gracias al acceso a las nuevas tecnologías, ha sido sometida al revisionismo histórico y su aceptación por la sociedad ha ido a la baja.

Esto comenzó desde el año pasado, cuando por motivo del 50 aniversario de la masacre de Tlatelolco se retiraron del metro de la Ciudad de México las placas conmemorativas de la inauguración por el presidente Gustavo Díaz Ordaz. Existiendo una nula relación entre la construcción del metro y el movimiento estudiantil, sin mencionar que el retiro de las placas de ninguna manera contribuye a dar justicia a las víctimas de ese momento, y es más un intento absurdo por satanizar todo lo relacionado al régimen de Díaz Ordaz, reduciéndolo solo a lo ocurrido el 2 de octubre.

Ahora con el gobierno de Morena se reitera esta tendencia, desde quitar la estatua de Porfirio Díaz en Veracruz, a la propuesta del Partido Verde de eliminar todo lo relacionado a Colón y a Cortés de la capital del país; aunado a las disculpas pedidas al rey de España y los comentarios ridículos de la senadora Jesusa Rodríguez sobre la conquista.

Todo esto manifiesta la intención de borrar la historia, y reiterar la versión oficial, que está repleta de errores, de maniqueísmo y sobre la cual se funda un nacionalismo muy frágil. Levantar de nuevo capítulos como la conquista con fines de hacer bulla política, abre heridas que dañan severamente a la sociedad mexicana, pues estos traumas históricos son la causa principal de sentimientos derrotistas y apatía encontrados en el psique del mexicano. Traumas que en los últimos años iban superándose, gracias a la revisión de la historia de México; misma que no es una batalla entre buenos y malos, ni la anécdota de un pueblo lastimado, sino un conjunto de procesos y episodios variopintos que beneficiaron de un manera, o perjudicaron de otra a unos o a otros, pero que al final tuvieron su influencia para lo que es hoy México.

La motivación del gobierno no parece ser otra que la legitimación, de manera que ellos queden como los buenos del cuento, mientras rescatan esas (inexistentes) glorias de hace 3 o 4 décadas; lo que incluye la historia oficial del México herido por España y Cortés, por los Estados Unidos, por Santa Anna, por Díaz, y cuyos más grandes y magníficos héroes, son Hidalgo, Juárez, Zapata y Cárdenas; sin evaluar el verdadero impacto de cada personaje para México ni a que eran leales. Lo cual cabe dentro de la lógica de polarización que impulsa el obradorismo, sin mencionar a ningún enemigo en particular, pero claramente exponiendo a todos los detractores al morenismo como enemigos de la patria; pues la división social que produce solo facilita el predominio del actual grupo político en el poder.

Eliminar monumentos y placas es un intento por reestablecer la solidez de una historia oficial que permita al régimen ejercer su dominio ideológico y dar legitimidad a su actuar, muy a la manera en la PRI en su momento se erigió como el partido supremo del país y se vendían como los líderes que llevarían a México a la grandeza, con su respectivo respaldo en la historia oficial (véase el  artículo “Totalitarismo y el Partido Revolucionario Institucional”).

Retirar monumentos podría parecer una nimiedad pero da muestra de un régimen que pretende ocultar la historia o tergiversarla en su favor. Sea por corrección política, deuda histórica, o solo por señalar a los malos, se toma por base cualquier causa que se venda como justa aunque fomente la ignorancia sobre la historia, la censura, el sesgo ideológico, y el analfabetismo político; esta tendencia da una sutil muestra de los tintes autoritarios de los gobiernos que la impulsan, y para combatirlo debemos insistir en un estudio de la historia que busque los hechos y no la legitimidad de un régimen, como su respectiva difusión, y tener presente que en la historia no hay buenos ni malos. La historia no  debe ser enterrada.

 

*Imagen: El Universal

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