Crisis en Venezuela: oportunidad política para México

La crisis en Venezuela es un parteaguas en el cual existe la posibilidad de un reacomodo en la política latinoamericana, y por ello el Estado mexicano no puede prevalecer neutral sino que debe orientarse a la postura que más beneficie al país.

La crisis en Venezuela se ha convertido en el tema principal de la política latinoamericana, y el debate sobre la situación de aquel país ha tenido un alcance global. Por un lado aquellos que respaldan al gobierno de Maduro y denuncian intentos de intervención extranjera, y por el otro aquellos que condenan al gobierno venezolano por la deplorable situación económica, el deterioro de la democracia  de Venezuela y la represión a los detractores.

La crisis en Venezuela es un parteaguas en el cual existe la posibilidad de un reacomodo en la política latinoamericana, y por ello el Estado mexicano no puede prevalecer neutral sino que debe orientarse a la postura que más beneficie al país.

A lo largo del siglo XX, México fue la principal potencia política y económica de América Latina, lo que le valió un liderato regional que perduró por décadas. Sin embargo con el nuevo milenio el escenario político latinoamericano se modificó, favoreciendo el posicionamiento de Brasil como nuevo Estado líder de la región.

Entre los factores que dieron paso a esta situación se encuentran, por una lado, la tendencia regional hacia gobiernos izquierdistas, que en combinación con la llegada de Vicente Fox a la presidencia de México, la cual trajo consigo un manejo torpe de la política exterior, además su notorio acercamiento con el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush y su tendencia conservadora; a la postre distanciaron al país del resto de Latinoamérica y menguaron el liderazgo mexicano. Con un acentuado auge económico y con pericia política el expresidente brasileño, Lula da Silva posicionó a su país  para ocupar el lugar que tenía México; con el tiempo Brasil se convirtió en la principal fuerza política, económica y militar de la región, y en el nuevo líder.

Pero el contexto cambió en menos de 15 años; en distintas naciones sudamericanas se dio un desencanto con los gobiernos izquierdistas, motivado principalmente por escándalos de corrupción y problemas económicos como la galopante inflación que comenzó a afectar a países como Argentina y Venezuela. Pronto también se empezaría a cuestionar la existencia de democracia en estos regímenes ante las constantes reelecciones y el poder aparentemente absoluto que tienen sus cabecillas en sus respectivos países: los casos de Daniel Ortega en Nicaragua (17 años de mandato repartidos en dos periodos), Evo Morales en Bolivia (13 años), y Hugo Chávez en la misma Venezuela (14 años), y la tendencia se mantiene con el gobierno de Nicolás Maduro.

Sin embargo en ningún país se ha llegado a un punto tan grave como es el caso de Venezuela: escasez, violencia, emigración masiva, son algunos de los síntomas producto de la prolongada y fallida administración chavista. Y sus repercusiones ya alcanzaron la escala internacional, pues el tema ha aumentado la tensión, al hacer más notorios las diferencias ideológicas y los intereses de distintos Estados.

Ante esta situación la comunidad internacional comenzó a movilizarse para dar solución al conflicto, y el esfuerzo más notorio ha sido la creación del Grupo de Lima el 8 de agosto de 2017, que busca dar solución pacífica al conflicto en Venezuela al igual que brindar ayuda humanitaria a la población de aquel país. Este grupo ha insistido respecto al restablecimiento de la democracia venezolana, la liberación de los presos políticos, y el cese a las hostilidades contra los opositores; lo que le ha valido ser condenado como intervencionista por gobiernos simpatizantes al chavismo como el de Bolivia o el de Cuba.

Es importante mencionar que México fue durante la presidencia de Enrique Peña Nieto, un miembro muy activo (quizá el principal) dentro del Grupo de Lima y su insistencia en el tema venezolano manifestaba una actitud más activa y relevante en la política latinoamericana. Con la llegada de la izquierda a la presidencia, la postura mexicana se ha vuelto más tímida y tanto la cancillería como el presidente han optado por mantenerse neutrales al respecto.

Claro, no puede dejarse de lado el factor geopolítico en todo este asunto, pues hay intereses por parte los países que se oponen a Maduro, principalmente por parte de Estados Unidos los cuales pueden estar muy motivados por el petróleo sudamericano. Aunque del otro lado, el apoyo que brindan Rusia y China al chavismo, tiene una motivación geopolítica y geoeconómica (asunto que se puede abordar a más detalle en otro artículo). De igual manera Venezuela ha conseguido el respaldo de Estados caribeños, muy necesitados y beneficiados del oro negro venezolano.

Sin embargo es un hecho que Maduro enfrenta el rechazo de la mayoría, y también es un hecho que el principal responsable de la crisis es el gobierno venezolano; el cual persevera en su arrogancia y su hostilidad, aunque ello implique el aislamiento de su país y que la situación social se torne cada vez más grave. Por ello México no debe apoyar a un infame régimen, cuya simpatía puede traer costos políticos serios para México, mientras que la neutralidad del gobierno mexicano puede generar una nueva oleada de rechazo al país por parte de los demás Estados latinoamericanos.

El contexto actual es diferente al de hace 19 años, pero en parte la situación política para México a nivel internacional es similar a la de aquel momento, solo que ahora la región ha dado un viraje a la derecha, mientras que en México el candidato izquierdista Andrés Manuel López Obrador resultó triunfante en las elecciones presidenciales del año pasado. Y la disputa por el liderato latinoamericano con Brasil se acentúa con el ascenso del considerado como ultraderechista, Jair Bolsonaro, el cual perfila a Brasil y a su misma persona para liderar la carga política contra el chavismo y la izquierda latinoamericana.

De ahí la importancia de tomar una postura tajante en torno al régimen chavista, y aprovechar la coyuntura para reposicionar políticamente a México pues el interés nacional; debe prevalecer por encima de las afinidades ideológicas o incluso de las doctrinas. Pues el contexto internacional puede cambiar drásticamente y si queremos que la Política Exterior nacional tenga un nuevo período de apogeo, es menester tomar una postura más activa y clara, en y sobre el acontecer internacional.

El tema venezolano tiene eco en todo el mundo, y como se mencionó, el Grupo de Lima es un actor relevante en esta situación, en eso radica la importancia de tomar un papel protagónico dentro de este, lo que a su vez otorgaría relevancia en todo el asunto de la crisis venezolana. De retomar la postura que se tenía con el gobierno de Peña Nieto dentro del Grupo de Lima e incluso remarcarla, favorecería enormemente a la Diplomacia mexicana y a la solidez del país en las Relaciones Internacionales. Aunque México sea un país con una tradición de no intervención, siempre se ha tenido una inclinación en los sucesos del acontecer internacional; y ya en otras ocasiones mantener una posición ambigua respecto a un tema coyuntural de las Relaciones Internacionales (como cuando se comenzó a hablar de la guerra contra el terrorismo) nos ha valido ser apartados de la discusión y  quedarnos sin algún beneficio para la nación.

Por otro lado también se debe alzar la voz respecto a lo que ocurre en otros Estados como Nicaragua o Haití, que se suman a Venezuela como posibles candidatos a una guerra civil. Un escenario que se debe tomar en cuenta, debido a que significaría un riesgo para la estabilidad regional. No se veía tanta tensión en la región desde los años 80s.

De manera que el gobierno mexicano debe dejar de lado sus similitudes ideológicas con el chavismo y reanudar su postura condenando al infame régimen de Maduro; en una ocasión que le permitirá reposicionarse como líder (cuando menos político) de la región. Así el país puede abanderarse como un activo defensor de los derechos humanos y la democracia a nivel global, a la par que consigue aumentar su influencia y su peso en las decisiones y los asuntos de América Latina. El interés nacional debe ser el primer objetivo de la Política Exterior y después de casi dos décadas es sumamente necesario revivir la fortaleza de la Diplomacia nacional.

 

Foto: Infobae, 2019.

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