Ayuda para el desarrollo: Origen y alternativas al paradigma donante-receptor

Siempre hemos escuchado que son los países más desarrollados quienes ayudan y contribuyen a que los países menos desarrollados y más vulnerables alcancen mejores condiciones de desarrollo; como por ejemplo, mejores sistemas de salud, acceso a la educación o la asistencia humanitaria en tiempos de desastre o conflictos. Sin embargo, muchos analistas coinciden con que esta propuesta está agotada. Pero, ¿Por qué? y ¿Qué tanto?

Siempre hemos escuchado que son los países más desarrollados quienes ayudan y contribuyen a que los países menos desarrollados y más vulnerables alcancen mejores condiciones de desarrollo; como por ejemplo, mejores sistemas de salud, acceso a la educación o la asistencia humanitaria en tiempos de desastre o conflictos. Sin embargo, muchos analistas coinciden con que esta propuesta está agotada. Pero, ¿Por qué? y ¿Qué tanto?

Hoy en día se escucha demasiado sobre el papel incluyente que debe tener la Cooperación Internacional para el Desarrollo (CID) a través del establecimiento de alianzas con sociedad civil, empresas y gobiernos subnacionales para alcanzar un desarrollo eficaz y orientado a la gestión para resultados. No obstante, aún persisten esquemas de colaboración asistenciales, tanto a nivel local como internacional, con enfoques centrados en la mitigación.

Estableciendo la relación donante-receptor

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, muchos de los territorios estaban devastados por la guerra, principalmente Europa, por lo que un nuevo mecanismo de cooperación era necesario. La extinta Sociedad de Naciones había sido ejemplo que en algún punto se podía dialogar para alcanzar acuerdos. Fue hasta que la Carta de San francisco y el consenso internacional de aquel entonces estableció en su primer artículo uno de los propósitos más significativos del Tratado que dio vida a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), dicho artículo menciona:

[…]Realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión[…]

De manera simultánea a la instauración del Sistema de Naciones Unidas y los acuerdos de Bretton Woods, el paradigma de donante-receptor comienza a tomar presencia. Por su parte, Estados Unidos lanza el Plan Marshall para ayudar a la reconstrucción de Europa occidental; posteriormente, la unión Soviética trata hacer lo mismo mediante el Plan Molotov con los países satélites en su periferia. Lo anterior es muestra de los preceptos básicos que más adelante se irían institucionalizando como mecanismos de Ayuda al Desarrollo, pero más precisamente, como mecanismos de asistencia para mitigar los efectos de los problemas globales que se mantenían como consecuencia de procesos históricos como la colonización o las consecuencias de aquel entonces que representó la caída del régimen Nazi en Alemania.

Más adelante, ideas como las de Walt W. Rostow fueron base del pensamiento  del crecimiento económico y el desarrollo; él afirmó que todos los países en algún momento se habrían situado como subdesarrollados, pero que posteriormente alcanzaban altos niveles de desarrollo al paso del tiempo; iniciando como sociedades tradicionales definidas por una economía agrícola, pasando por el aumento del capital y de su productividad, incrementando y diversificando actividades con mayor tecnología y sosteniendo tasas de crecimiento óptimas hasta llegar al alto consumo de masas para hacer del sector servicios el dominante en la estructura de las economías. Al mismo tiempo, sostenía que para lograr ello, el suministro de capital era necesario y una de las formas predominantes de la época, dado el auge de flujos de financiamiento, era la ayuda al desarrollo. Sin embargo, la propuesta tomaba como referencia el auge del modelo de Estado de Bienestar y no las diferencias entre los países del Norte (principalmente Estados Unidos o Europa) con los países africanos, asiáticos o latinoamericanos. Más adelante, con las turbulencias económicas se evidenciaron algunos problemas en esta construcción teórica.

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La Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) toma forma como uno de los instrumentos de política internacional y poder blando – un mecanismo que por excelencia dista de la acción de la fuerza y se concentra en medios ideológicos, culturales y de “buena fe” para el ejercicio de la política exterior de los Estados-. Fue a través del Comité de Asistencia al Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) donde se estableció que esta ayuda se compone por transferencias de recursos en condiciones definidas. Esto es: Recursos financieros, créditos y donaciones que tienen como principal objetivo promover el desarrollo económico y social de los receptores; para ello se acordó que los miembros del CAD destinen el 0.7% de su Producto Nacional Bruto (PNB) a los países receptores.

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Con el pasar del tiempo los problemas de los países menos desarrollados se agravaron y la AOD parecía no solucionar los problemas de pobreza, desigualdad, salud y alimentación. No obstante, al mismo tiempo y, pese a los momentos de crisis, el incremento de los flujos financieros para la ayuda al desarrollo continuaron en ascenso.

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No es extraño que, con el fin del conflicto ideológico de la Guerra Fría y el surgimiento victorioso de Occidente, se hayan establecido agendas comunes de desarrollo. Asimismo, comenzaron a tomar fuerza movimientos de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y Sociedad Civil que pugnaban por cubrir aquellos vacíos que el Estado dejaba de lado o cuya capacidad de acción no era eficiente, temas de reciente impacto como el medio ambiente, Derechos Humanos, salud, educación equidad de género, por mencionar algunos.

Esta nueva tendencia se hacía presente cada vez más, y con la agenda del desarrollo en auge se adoptaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), una iniciativa de desarrollo de la ONU que pretendía incorporar las necesidades de los países menos desarrollados para que lograran alcanzar un pleno desarrollo, mediante 8 objetivos destinadas a problemas como salud, nutrición, alimentación e inclusión. Sin embargo, su plazo de cumplimiento era 2015 y sus metas no se cumplieron del todo, quedando pendientes objetivos relacionados a la mortalidad neonatal, la nutrición infantil o la erradicación de la pobreza.

¿Pensar en ayuda o cooperación?

Dambisa Moyo, economista zambiana que trabajó para el Banco Mundial y Goldman Sachs, afirma que sin importar las grandes cantidades de ayuda al desarrollo, las condiciones de países, regiones o un continente entero como África no han visto mejoras significativas, dadas las condiciones de vulnerabilidad y fragilidad que el dinero no puede solucionar por sí solo, sino que hace falta una reformulación de sus necesidades más elementales; todo ello lo expone en su libro “Dead Aid: Why Aid Is Not Working and How There Is a Better Way for Africa”.

En estos tiempos, el uso del término “Ayuda” para referirse a las contribuciones al desarrollo ya no es tan bien vista como antes, ya que la dependencia que se ha generado de ella plantea cambiar a mecanismos de cooperación que fomenten un desarrollo desde las propias prioridades de cada sociedad, representando un excelente punto de partida, puesto que estamos hablando de formas horizontales y más incluyentes de cooperación para el desarrollo, es decir, incluir más actores para mejorar las capacidades de cada sociedad para alcanzar mejores condiciones en salud, educación, vivienda, seguridad, etc.

Un cambio de enfoque

Si bien, aún existe una continuidad de los flujos de ayuda y asistencia, las iniciativas para el desarrollo surgen cada vez más desde distintos horizontes, por ejemplo: el papel de las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) en la agenda global, donde hace no mucho el tema de cambio climático no era de trascendencia, pero gracias a las acciones de las ONGs, hoy existe un Acuerdo de París que plantea un mejor futuro para combatir el cambio climático; los gobiernos subnacionales, donde hoy en día existen más comunidades y entidades que generan sus mecanismos de relaciones exteriores y de cooperación, como el caso de los hermanamientos entre ciudades; y el sector privado o las empresas, que a través de sus fundaciones contribuyen con parte de sus ingresos a iniciativas y proyectos dirigidos al desarrollo.

Aunque las alianzas con las empresas son un mecanismo a considerar, dada la cantidad de recursos que estas poseen y en sus fundaciones, la cooperación ya no se ve como dinámicas que involucran solamente al gobierno en esquemas verticales de asistencia (donante-receptor), sino que ya las conexiones son muy diversas y se reconoce la pluralidad de las mismas. Los gobiernos locales, comunidades autónomas y sociedad civil participan activamente en el establecimiento de las agendas sociales y públicas de su entorno; así como su participación en la formulación de políticas públicas ha ido en aumento a nivel internacional, es decir, el paradigma de donante y receptor se ve mermado por una cooperación horizontal y más incluyente, donde las agendas locales son punto de partida dela agenda global de desarrollo.

 

Foto: The Chinafrica Project

  1. Brillante!!!

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