2018: Las juventudes latinoamericanas alzan la voz

México, Chile y Nicaragua: tres escenarios en los que las movilizaciones estudiantiles han cobrado protagonismo tanto en la reformulación de la agenda educativa como en el ejercicio de la política nacional en cada país.

Cintillo3

México

Los movimientos sociales organizados por estudiantes siempre han sido un fenómeno generalizado que trasciende fronteras. Particularmente, en la región latinoamericana, las movilizaciones estudiantiles suelen ser comunes para luchar por causas como la autonomía de las universidades, la libertad de expresión, la defensa de la educación pública, etc. En ese sentido, el año 2018 no ha sido indistinto a este tipo de movilizaciones, por el contrario, ha generado un mayor despertar de una generación que ha sido duramente criticada por su apatía e indiferencia política.

Sin embargo, en días recientes, en vísperas de la conmemoración del quincuagésimo aniversario de la matanza de los estudiantes mexicanos en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, escuelas y facultades de la Universidad Nacional Autónoma de México entraron en paros de 24, 48 y 72 horas, en solidaridad con los estudiantes que protestaban por la situación del Colegio de Ciencias y Humanidades, plantel Azcapotzalco (CCH): la negligencia por parte de la dirección para garantizar maestros en todas las aulas y la represión de la expresión cultural y artística de los estudiantes dentro de las instalaciones del plantel. Los estudiantes fueron agredidos por los denominados grupos porriles (grupos de choque cuyo financiamiento y mantenimiento se le atribuye a las autoridades universitarias) el pasado 3 de septiembre, frente al edificio de Rectoría, situado en el campus central.

El acontecimiento no solo tuvo como respuesta el paro de las actividades académicas de todas las escuelas y facultades de la Universidad Nacional; a su vez, se realizó una gran movilización que congregó no solo a estudiantes de la UNAM sino a miles de universitarios de diversas instituciones que, en solidaridad con la máxima casa de estudios, marcharon en hermandad a través del circuito universitario y protestaron frente al edificio de la Rectoría de la Universidad, en aras de exigir a las autoridades universitarias no solo acciones para desmantelar a estos grupos y el debido castigo a los responsables del ataque, sino también medidas pertinentes para garantizar la seguridad de los alumnos en las instalaciones de la Universidad. El reciente caso de la estudiante de 18 años, Miranda Mendoza, adscrita al plantel Oriente del Colegio de Ciencias y Humanidades, quien fue secuestrada fuera de su escuela y posteriormente encontrada calcinada, representa uno de los miles de casos de jóvenes violentadas, desaparecidas y asesinadas gracias a la situación de violencia generalizada que acontece en el país.

Los sucesos acumulados, como la negligencia de las autoridades en las escuelas; la violencia generalizada hacia los estudiantes dentro y fuera de las aulas; el acoso y las violaciones a estudiantes perpetrados incluso por profesores, despertaron el fervor de lucha que impulsó a la juventud mexicana a congregarse como una sola comunidad en las islas del Campus Central de la UNAM con una sola petición: justicia.

Hasta ahora, el rector de la Universidad ha anunciado que las demandas de los estudiantes del CCH Azcapotzalco son aceptables; sin embargo, aún las autoridades no han respondido sobre las medidas a tomar para reducir la violencia y la inseguridad en las instalaciones universitarias, así como las sanciones a los responsables de las agresiones el pasado 3 de septiembre.

Nicaragua

Viajamos a Centroamérica para atestiguar que a lo largo del presente año las protestas de los jóvenes nicaragüenses en contra de la represión del gobierno de Daniel Ortega sobrepasaron las dimensiones que permitirían contener el descontento por parte del gobierno. Este movimiento surgió a partir de la reforma del seguro social, impulsada por el presidente Ortega, la cual consistía en la suspensión de las pensiones que reciben los adultos mayores de manera mensual; y fue impulsado por los estudiantes de la Universidad Centroamericana, al que posteriormente se unirían estudiantes de la Universidad Nacional Agraria y la Universidad Nacional de Ingeniería.

En mayo, el discurso del estudiante de la Universidad Centroamericana, Lesther Alemán, se convirtió en el grito de lucha que impulsa a los estudiantes a oponerse al gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional, puesto que ya no era solo la reforma, sino la represión y violencia sistemáticas hacia los estudiantes que alzaron su voz; si bien las protestas causaron que el presidente Ortega diera marcha atrás a la reforma del seguro social que buscaba emprender, de acuerdo con el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, las autoridades se han cobrado la vida de más de 83 estudiantes y cientos de heridos, lo que ha desatado la situación del país en una verdadera crisis de derechos humanos; que apenas hasta esta semana el tema fue abordadp por la Organización de las Naciones Unidas.

Si bien se ha intentado, sin éxito, entablar mesas de diálogo entre los estudiantes y el gobierno, éste continúa reprimiendo a las movilizaciones estudiantiles, lo que ha agravado la situación generalizada de la nación centroamericana. Sin embargo, es innegable que la movilización de los estudiantes nicaragüenses ha causado el despertar de una generación cansada de 11 años de un gobierno que coopta las libertades y censura el sentir de toda la población nicaragüense; que fuera de subyugarse al poder político, se ha mantenido en la lucha por una sociedad más democrática y libre.

Chile

Asimismo, las mujeres han sido las protagonistas de la lucha estudiantil en América Latina. En Chile, movilizaciones de mujeres estudiantes de nivel medio superior y superior organizaron una serie de movilizaciones estudiantil a raíz de la sistematización del acoso sexual por parte de autoridades, profesores y compañeros dentro y fuera de las aulas; estos casos comenzaron a hacer públicamente denunciados en 2016, con el caso del docente Fernando Ramírez de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, quien fue acusado de abuso de poder por la estudiante María Ignacia León. Meses después, en la Facultad de Historia se denunciaron dos casos de acoso sexual por parte de profesores.

Estas denuncias generaron cada vez más casos de acusaciones en contra de profesores y autoridades universitarias en las instituciones chilenas de educación superior que devinieron en la primera movilización por parte de las estudiantes en octubre del 2017 y que causó el despido de los dos docentes acusados inicialmente. Sin embargo, sería hasta abril del presente año cuando presenciaríamos las movilizaciones con mayor impacto, que tuvieron inicio en la Universidad Austral de Chile, donde estudiantes tomaron el edificio de la Facultad de Filosofía y Humanidades de dicha casa de estudios con motivo de los casos de abuso y acoso sexual por parte de profesores hacia las estudiantes; posteriormente, otras facultades se unirían a la toma de edificios por los mismos motivos y se ampliaría a facultades de la Universidad de Chile y la Pontificia Universidad Católica de Chile.

En esta última, se tomó la Casa Central de la institución y se exigió mediante petitorio la redacción de nuevos protocolos que resguarden a estudiantes, docentes, autoridades y personal en general en casos de abuso y acoso y que incluyan sanciones como la expulsión de quienes sean acusados de dichas acciones; la instauración de cuotas de género en cargos académicos y administrativos de la Universidad; medidas para la inclusión y aceptación de personas transgénero, entre otras. Las peticiones fueron bien recibidas mediante el diálogo con el rector de la Universidad, quien se comprometió a implementar las acciones pertinentes para corregir la situación que aqueja a las estudiantes.

Estos son solo algunos de los hechos que han marcado a las juventudes latinoamericanas durante el presente año; si bien nuestra generación no ha dejado de ser criticada por una supuesta apatía, la indiferencia hacia asuntos públicos o de interés nacional o bien, el poco interés sobre el futuro que nos depara, estos movimientos estudiantiles únicamente demuestran lo contrario y, por consiguiente, hablan de la vocación que tenemos por luchar por las causas que atañen la libertad, la pluralidad, la inclusión, el derecho a la educación y la seguridad en las universidades y, de manera más importante, demuestran el impacto que tienen nuestras acciones, pues ante las movilizaciones masivas, la protesta pacífica y las exigencias a las autoridades, las consecuencias han tenido un impacto importante en el tejido social. La lucha debe seguir y las juventudes latinoamericanas deben continuar alzando la voz.

*Foto: EFE, 2018.

El proyecto ‘Op-ed’ del Centro Mexicano de Análisis de la Política Internacional tiene el objetivo de ampliar y potenciar el rango de opiniones que circulan en el debate público nacional e internacional.

 

 

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