Geopolítica y crisis humanitaria en Yemen

Una de las cosas más urgentes de cualquier conflicto armado, y dramática en el de Yemen, es la crisis humanitaria que le envuelve. El empobrecido Yemen enfrenta un catastrófico panorama en donde la agenda humanitaria choca de frente con la agenda de los poderes regionales e internacionales.

La República Árabe de Yemen, el Estado más pobre del mundo árabe, es sinónimo de epítetos fracasados o fallidos. El jueves pasado, al norte del país, en la zona de Dahyan, en la provincia de Saada, controlada por el movimiento Houthi, tuvo lugar un ataque orquestado por la alianza militar entre el Reino de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), que culminó con la vida de decenas de personas, incluyendo cuarenta niños menores de quince años. Entre la desesperación de las familias yemeníes por encontrar los restos de sus hijos, Yemen se sepulta cada vez más en lo que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) describe como la peor crisis humanitaria en el mundo.

Situado en el Estrecho de Bab Al-Mandeb junto al extremo sur del Mar Rojo, Yemen siempre ha constituido una piedra angular de la Política Exterior saudí. Las relaciones entre Arabia Saudita y Yemen son percibidas en el contexto del expansionismo histórico saudí y residen en el resentimiento yemení sobre su frontera marcada pero no delineada de manera pública.  Desde la fundación del Reino en 1932, la dinastía Al-Saud se ha esforzado por expandir su influencia sobre su vecino limítrofe y evitar que amenace sus intereses. En 1934, estalló una guerra entre los dos Estados por una disputa fronteriza. El Tratado de Taif de 1934 puso fin al enfrentamiento militar, cedió las provincias de Asir, Najran y Jizán al ejército de Ibn Saud, y estableció una coexistencia pacífica entre ambos Estados.

A partir de entonces, los saudíes evitaron la confrontación abierta a gran escala y, en cambio, mantuvieron una estabilidad precaria en Yemen al involucrarse de manera silenciosa pero activa en la política interna, respaldar a ciertos grupos locales contra otros y comprar lealtades tribales. Esta intervención saudí en los asuntos domésticos de Yemen, enfureció a muchos yemeníes, incluyendo a los houthi.

La Operación Decesive Storm, la ofensiva liderada por Arabia Saudita en Yemen, constituyó una ruptura con estas décadas de coexistencia pacífica. Aunque el Estado saudí destinó recursos sustanciales en adquisiciones y entrenamientos militares en la Guerra del Golfo en 1991, nunca antes, el Reino, o alguno de los Estados del Golfo, habían desplegado sus fuerzas militares de manera tan activa y agresiva como lo están haciendo en suelo yemení. La intervención en Yemen revela una nueva era en la Política Exterior saudí entrelazada con la lucha por el estatus regional, que responde, en particular, a la rivalidad geopolítica e ideológica con su acérrimo adversario, la República Islámica de Irán. Desde esta perspectiva, la acción militar saudí en Yemen es una reacción a la expansión iraní en la Península Arábiga a través de su supuesto actor proxy, los houthi.

La coalición saudí-emiratí defendió los ataques perpetrados el 09 de agosto, como parte de una operación militar legítima que se ajustó a las leyes internacionales y humanitarias, en respuesta al lanzamiento de misiles houthis en el sur de Arabia Saudita el día anterior. Con el suministro logístico de Estados Unidos y Reino Unido, Arabia Saudita y los EAU han llevado a cabo ataques en Yemen desde marzo de 2015 en un intento por restablecer el internacionalmente reconocido gobierno de Abu Rabbuh Mansur Al-Hadi, después de la toma de posesión de Saná por los rebeldes houthi.

Washington y Londres han vendido a Riad alrededor de 12 mil millones de dólares en armamento, mismo que se utiliza en la campaña ofensiva con más de cien mil misiles lanzados en suelo yemení. A pesar del reconocimiento generalizado de que Yemen enfrenta una situación crítica, superando los 22 millones de personas (tres cuartos de la población) necesitadas de ayuda humanitaria; Estados Unidos y Reino Unido optan por una política reticente a realmente hacer algo sobre la crisis en Yemen y se inclinan por ser cómplices en una variedad de formas diferentes, con ambos Estados proporcionando una gran cobertura para las acciones de Arabia Saudita y los EAU, en particular de Mohammed Bin Salman.

Tales formas incluyen el apoyo político, económico, logístico y militar; la dimensión moral y ética de no hacer lo que se supone deberían en la ONU; y, obviamente la venta de armas a la dinastía Al-Saud. En el caso de Reino Unido, existe una preocupación real sobre las implicaciones económicas de una fractura en la relación Londres-Riad. La gran cantidad de dinero que los saudíes aportan a la economía británica en términos de armas y la fabricación de todo tipo de equipamiento militar constituye una fuente real de riqueza para Reino Unido, en medio de un panorama de inseguridad sobre el futuro económico del país a raíz del Brexit.

La ofensiva provocó la condena internacional, el Consejo de Seguridad de la ONU pidió una investigación independiente y rápida sobre el incidente. Sin embargo; no hay necesidad de una investigación, toda vez que las fuerzas de la coalición han admitido ser los autores del ataque. Entonces, ¿por qué la ONU llama a una investigación en lugar de llamar a los responsables del ataque a que rindan cuentas por ello?  La anterior, es una de las razones por las cuales el pueblo yemení ha perdido la esperanza en la comunidad internacional desde hace más de dos años.

El conflicto prolongado entre los houthi y la coalición militar liderada por Arabia Saudita condujo a Yemen a un catastrófico panorama: es un Estado fragmentado cuya infraestructura civil se encuentra en polvo, lo que priva a la mayoría de la población de agua potable y atención médica. Además, Yemen enfrenta la mayor emergencia de seguridad alimentaria a nivel mundial y ha desencadenado el peor brote de cólera. Los ataques aéreos consecutivos no sólo en Saada, también en Hoideidah y Saná, son un trágico recordatorio de que en Yemen, el Derecho Internacional Humanitario, en su lugar para proteger la dignidad e integridad de los civiles en tiempo de conflicto armado, se sigue rompiendo a diario.

*Foto: Reuters / Khaled Abdullah

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