Epílogo de la contienda electoral

¿Cuáles son los saldos de la elección? ¿En dónde están parados los perdedores y los ganadores de la misma?

ANAYA

El candidato del Partido Acción Nacional logró obtener el segundo lugar en las elecciones, no obstante, resultó con menos votos y menos estados ganados que su colega de partido, Josefina Vázquez Mota en las elecciones de 2012; tomando en cuenta que ella quedó en tercer lugar en aquel proceso electoral, este resultado se puede categorizar como un rotundo fracaso, pues apenas en las elecciones estatales de 2016 y 2017, el PAN pudo reposicionarse y ganar la mayoría de las gubernaturas disputadas en ambas contiendas electorales, algunas lanzadas en coalición con el Partido de la Revolución Democrática, alianza que no resultó contraproducente en esos momentos como sí lo fue en la pasada elección presidencial.

El PAN (no Anaya) tenía bases para aspirar de manera realista a la presidencia; la decadencia del PRI y el cisma en la izquierda nacional dejaban un terreno propicio para que la derecha pudiera volver a Los Pinos este año. Empero la realidad fue muy distinta, Ricardo Anaya pasó de héroe a villano; pasó de darle un segundo aire al partido a secuestrarlo y dividirlo al imponerse como candidato. Una campaña deplorable, basada más en el ataque a su principal opositor, Andrés Manuel López Obrador, que en una propuesta para atender los diversos problemas del país, le impidió obtener popularidad entre el electorado; además su ambigua postura respecto a temas polémicos para el sector conservador del país, y su coalición con el PRD y con Movimiento Ciudadano (que fue vendida como un auténtico pacto y no como una simple alianza para un proceso electoral) le valieron perder simpatía entre el voto fuerte del PAN. Voces dentro del mismo partido incluso lo acusan de traicionar la ideología nacionalista católica, y conservadora que lo define. Al desastre intrínseco se sumaron escándalos de corrupción, presuntamente lanzados desde la misma presidencia, que golpearon la popularidad del candidato.

A la postre la campaña de Anaya quedó sostenida solo por el voto útil contra López Obrador. Perdió la confianza del sector empresarial, de muchos seguidores del PAN, y de la población conservadora del Centro y el Occidente del país que representaba un contingente importante para el partido.

La tormenta para Anaya no termina con la derrota, pues ahora debe lidiar con los llamados a ser expulsado del partido.

MEADE

Es curioso que sobre el candidato del Partido Revolucionario Institucional haya relativamente poco que decir. La existencia de su candidatura parece haber estado justificada en el pa’ no dejar, y no realmente en la aspiración de mantener en el poder al partido, es decir, esta fue prácticamente una participación simbólica en la elección.

Su destape como candidato fue sorpresiva, pues entre los allegados al presidente y los cabecillas del partido, había personajes que se vislumbraban más presidenciables que José Antonio Meade.

Carente de carisma, y hasta del apoyo de Peña Nieto, pese a ser el candidato oficial; Meade buscó sostener su candidatura sobre tres cosas: su no pertenencia a ningún partido político, su experiencia como titular de distintas secretarías de Estado, y la campaña contra López Obrador.

Usar la no pertenencia al PRI, mientras eres el candidato de este partido para impulsar tu campaña, es algo insostenible; además de la evidente incongruencia, el hartazgo de la población contra ese partido en particular está probablemente en su punto más álgido en la historia.

La bandera de la experiencia tampoco le fue muy útil. Una muestra pequeña pero certera, fue el segundo debate, donde la participación de Meade en temas de Política Exterior resultó ser muy pobre, al igual que la de los demás candidatos, con la diferencia de que él fue Canciller de la Secretaría de Relaciones Exteriores, por lo que debía demostrar una mayor y mejor capacidad para idear estrategias para tratar los asuntos internacionales del país; en lugar de eso, su vasta experiencia quedó en tela de juicio.

Finalmente, en cuanto a su campaña contra López Obrador, esta no le sirvió más de lo que le sirvió a Ricardo Anaya.

BRONCO

Jaime Rodríguez Calderón, mejor conocido como El Bronco, se erigió en 2015 como el gran líder que puso fin al bipartidismo y la partidocracia en Nuevo León, bajo la bandera de las recién creadas candidaturas independientes. Con una victoria aplastante los regios, le otorgaron el voto en aquel año, poniéndose como ejemplo de auténtico rechazo a los partidos políticos ante toda la república (a pesar de los orígenes políticos del Bronco en el Partido Revolucionario Institucional).

Rodríguez Calderón llegó a la candidatura presidencial de manera polémica luego de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación veto la decisión del Instituto Nacional Electoral de rechazar la candidatura del Bronco por irregularidades en la recolección de firmas. El asunto generó un escándalo fugaz, y finalmente El Bronco se quedó con la candidatura, sin embargo, arrastraría con esta controversia durante toda su campaña.

La campaña de Rodríguez Calderón fue vista con seriedad por un escaso sector de la población. Además de la ya mencionada controversia respecto a las firmas, suspender su cargo de gobernador en Nuevo León para competir por la presidencia (a pesar de haber reiterado en diversas ocasiones que no haría tal cosa), y una actitud burlona durante todo el proceso electoral, le resto enormemente sus posibilidades (que ya se vislumbraban escasas) de llegar a la presidencia, e incluso era visto por muchos como un estorbo en la contienda.

No obstante, el norteño, tenía dos elementos a su favor: no pertenecer a un partido, y ser el único candidato de los cuatro finales, que no ofrecía al paternalismo como solución a los problemas del país. De manera constante hacía énfasis en su rechazo a las medidas asistencialistas que no atienden realmente los problemas del país, y parecen solo servir para ganarle seguidores a un partido o candidato. Esta postura era su mejor distintivo y fue lo que le permitió juntar votos por encima de lo que las encuestas le daban.

No obstante, mientras por un lado parecía inclinarse a reducir la mano del Estado, por el otro proponía medidas ultraconservadoras. En general, su propuesta iba en un sentido de amplia libertad económica, pero buscando la reducción de la libertad social.

Además de lo anterior mencionado, El Bronco representa la tendencia (de moda) del populismo de Derecha, a la vez que arrastra una gubernatura que ha dejado mucho que desear. El fulgor de hace tres años se fue extinguiendo entre la decepción de los regios, y una imagen de retrógrada que él mismo fue cosechando en el resto del país (y sobre todo en la capital) con sus propias declaraciones y acciones, como eliminar una estación de radio cultural en Nuevo León.

ZAVALA

Su temprana retirada de la campaña dice más que suficiente sobre Margarita Zavala; desde el primer debate se hizo evidente que no estaba lista para el ruedo electoral. Para Zavala fue aplastante realizar una campaña presidencial con todo lo que esto implica, mejor ni hablar de lo que se necesita para ocupar el cargo como titular del poder ejecutivo.

Es común leer en redes sociales que ella debió ser la candidata del PAN, y aunque esto pudo haber dado mejores resultados al partido, y sin fragmentarlo, como ocurrió con Anaya; su actitud era bastante similar a la de este. Zavala estaba obstinada en ser la candidata presidencial del PAN, al punto de ver con desprecio cualquier situación que favoreciera políticamente a Anaya, como el triunfo en elecciones estatales durante la gestión de este como presidente de su partido. Su insistencia alcanzó su punto álgido al concretarse su candidatura independiente, la cual fue sepultada por ella misma.

LÓPEZ OBRADOR

No es preciso ahondar sobre Andrés Manuel López Obrador en este artículo, al resultar ganador será foco de atención de los próximos años, y mencionar sus errores de campaña no tendría sentido. Por el contrario, es justo mencionar que Obrador reformuló su estrategia de campaña de como lo hizo en los dos procesos electorales anteriores donde fue derrotado, y de la mano de Tatiana Clouthier logró una victoria como solo las ha conseguido el PRI, y en el año 2000 el PAN en menor medida.

Fueron las cutres campañas de los contendientes y el hartazgo poblacional con los tres partidos de siempre, más que la afinidad con sus propuestas de campaña y su proyecto, lo que motivo el voto por Movimiento Regeneración Nacional; en realidad fue Obrador mismo la bandera del partido, eso explica la polémica detrás de la elección de personajes infames que MORENA colocó como candidatos. Cuando oímos decir que la gente votó por López Obrador y no por MORENA, parece ser cierto. De cualquier manera, obtuvo la victoria, y a partir del 1ero de diciembre, será el principal objeto de la crítica, aún más de lo que ha sido durante 18 años.

*Imagen: Wellington, 2018

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