La ilusión del Estado-Nación

Quizá sea tiempo de plantear una reforma al concepto del Estado-Nación y comenzar a desarrollar el concepto de Estado Plurinacional como se ha hecho en años recientes en algunos países de América Latina, como en Bolivia, donde se ha reconocido a nivel constitucional la composición plurinacional del país, reconociendo la calidad de nación a los grupos indígenas, así como la protección legal de sus formas de conocer y entender el mundo y el derecho.

A unos días de que el Ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, aplaudiera la postura de su Primer Ministro, Giuseppe Conte, en contra de las políticas migratorias propuestas por Francia y Alemania en el seno de la Unión Europea y reafirmando  que Italia no será más un campo de refugiados, el ex-cabeza del United Kingdom Independence Party o UKIP y uno de los actores clave del movimiento BREXIT, Nigel Farage, calificó el panorama político italiano como el renacimiento del Estado-Nación.

El Estado-Nación ha sido el punto medular de la teoría política Europea desde la Revolución Francesa, y cobró mayor fuerza e importancia a partir de 1945, al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Normalmente gira alrededor de la idea de que al interior de un Estado soberano existe un pueblo que de manera democrática conduce su existencia al mismo tiempo que comparte tradiciones, costumbres, lengua, cultura, valores e incluso creencias religiosas y raza.

Sin embargo, hacia finales del Siglo XX, debido a la siempre creciente integración económica y política en Europa y su correlativa creación de organismos supranacionales y a los movimientos migratorios de África y el Medio Oriente, el concepto de Estado-Nación ha entrado en jaque, pues no solo los Estados han ido poco a poco cediendo parte de su soberanía, sino que también el flujo de inmigrantes aunado a la prohibición de políticas asimilacionistas ha dado como resultado un crisol de razas fallido que ha dejado sociedades heterogéneas. Al menos esa es la idea normalmente aceptada.

Por desgracia para el Sr. Farage y el Sr. Salvini,  el mundo anglo-europeo (esto incluye a Estados Unidos y Canadá)  nunca ha sido tan homogéneo como ellos y sus simpatizantes creen, pues la existencia de minorías nacionales al interior de los Estados ha expuesto la fragilidad del concepto mismo de Estado-Nación desde mucho antes que lo hicieran las comunidades Africanas, Turcas, etc…

Es pertinente recordar el famoso caso The Cherokee Nation vs Georgia, que si bien no fue resuelto en el fondo, sí resultó en la adopción por la Corte Suprema de Estados Unidos del concepto de domestic nations (naciones internas), reconociendo que dos o más naciones pueden coexistir al interior de un Estado. De manera similar, la Corte Suprema de Canadá reconoció, en el paradigmático caso sobre la secesión de Quebec, que un pueblo puede referirse a una porción de la población de un Estado.

En Europa, las tensiones derivadas de esta coexistencia de diferentes naciones ha sido puesta de manifiesto por los movimientos independentistas en Escocia y en Cataluña, y en algunos casos han terminado en violencia extrema derivada de la creación de grupos separatistas como en el caso de Irlanda del Norte y del País Vasco. Incluso los recientes movimientos anti Unión Europea como el BREXIT y las nuevas posturas nacionalistas italianas han calentado más las discusiones independentistas en el continente.

Apenas en 2017, el parlamento catalán suscribió su declaración unilateral de independencia, que, por supuesto, fue desestimada por el gobierno español, sin embargo, la presión por la separación no ha disminuído y un nuevo refrendo se vislumbra en el horizonte, sin embargo, esta vez, la facción separatista busca tener el aval de un frágil gobierno español que parece no podrá mantener la unidad española por mucho tiempo más y que, además, ha cedido algunas batallas como  lo demuestra la reciente entrega de presos políticos catalanes a manos de la Generalitat.

Ian Blackford, del Scottish National Party, ha declarado que dependiendo de resultado final del BREXIT, Escocia estará lista para una nueva votación por la independencia de la región si la posición de su gente no está reflejada en los acuerdos entre la Unión Europea y el gobierno del Reino Unido, liderado por Theresa May, quien a su vez ha sido fuertemente criticada por no dar una respuesta clara a ningún bando.

En Italia, los sentimientos de diferenciación al interior de dicho país europeo son tan claros que el propio partido del Sr. Salvini, la Lega Nord per l’Independenza della Padania, buscó independizar el norte de Italia hace no más de treinta años. Y esa idea se ha mantenido constante en una buena parte de sus líderes y de sus seguidores. Basta ver el mapa de cómo ha votado la gente en las más recientes elecciones para darse cuenta que hay una clara brecha ideológica entre Norte y Sur que ha dado como resultado un extraño gobierno de coalición que parece no tener ni pies ni cabeza.

Quizá sea tiempo de plantear una reforma al concepto del Estado-Nación y comenzar a desarrollar el concepto de Estado Plurinacional como se ha hecho en años recientes en algunos países de América Latina, como en Bolivia, donde se ha reconocido a nivel constitucional la composición plurinacional del país, reconociendo la calidad de nación a los grupos indígenas, así como la protección legal de sus formas de conocer y entender el mundo y el derecho, fortaleciendo con ello, el derecho de estos grupos a la autodeterminación y dejando atrás una idea laxa de multiculturalismo basada en el respeto y la tolerancia y buscando más bien una verdadera inclusión y enriquecimiento mutuo de las diferentes culturas convivientes.

La enorme ventaja que tiene Europa es que la gran mayoría de sus naciones intraestatales comparten una tradición epistemológica basada en el método científico y en la moral judeocristiana, a diferencia de las naciones indígenas y mestizas que coexisten en el continente americano.

Es posible que cuando Europa logre entender y conciliar las propias diferencias al interior de sus Estados, quizá logre estar preparada para afrontar los retos del choque cultural entre Norte y Sur global.

*Foto: Observatório Regionalismo, 2018

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