2018: ¿Dónde está el Estado Islámico?

En el apogeo de su poder, el Estado Islámico controló gran parte de Siria e Irak. El año pasado, el autoproclamado califato colapsó luego de varios años de intervenciones internacionales. ISIS fue expulsado de Mosul y su capital de facto, Raqqa, después de largas y sangrientas batallas. A pesar de las pérdidas territoriales y numerosas bajas, el Estado Islámico se encuentra lejos de ser derrotado en su totalidad, entonces, ¿dónde está?

El primer día de Ramadán 1435 (el 28 de junio de 2014 en el calendario gregoriano), desde el púlpito de la Gran Mezquita de Al-Nuri, en Mosul; Abu Bakr Al-Baghdadi, anunció el establecimiento de un califato. El surgimiento del Estado Islámico en Irak (después llamado Estado Islámico en Irak y al-Sham, ISIS o ISIL por su nombre en inglés– y renombrado Al-Dawla al-Islamiyya –Estado Islámico– en 2014), alteró la dinámica geopolítica de Medio Oriente, planteó serios cuestionamientos en torno a la seguridad regional y global y alimentó las tensiones sectarias en el mundo musulmán.

Al-Baghdadi (este nombre, por cierto, es ficticio, ya que no nació en Bagdad sino en Samarra donde fue inscrito como Ibrahim Awad Ibrahim Al-Badri), tomó las armas en respuesta a la invasión estadounidense en Irak a principios del siglo XXI y luchó con Al-Qaeda en Irak (AQI) formalizando su radicalización después de conocer a quien fuera líder de la organización, el jordano Abu Musab al-Zarqawi. Al- Baghdadi fue arrestado por las fuerzas estadounidenses en 2006 y recluido hasta 2009 en Camp Bucca en Basora. En 2013, aprovechó la agitación política y social en Irak y Siria, y estableció lo que se convertiría en ISIS.

Con una postura en contra del gobierno de Bashar al-Assad y el de Nuri Al-Maliki, el Estado Islámico logró utilizar redes antigubernamentales en Irak y Siria para financiar el desarrollo del autoproclamado califato. El Estado Islámico presentó una imagen fuerte a través de una combinación de ideología, fervor religioso, profecía apocalíptica, violencia despiadada, fuerza militar, astucia financiera y una innovadora campaña en redes sociales, diseñada con el objeto de difundir su mensaje y atraer a sunnítas marginados y a posibles seguidores en los cinco continentes para apoyar a la organización y fungir como combatientes extranjeros.

El autoproclamado califato se identificó como el protector sunníta del islam y una defensa contra el colonialismo. Al-Baghdadi se benefició del cisma sectario al presentar a su organización como una vanguardia sunníta contra el chiísmo auspiciado por Irán, apelando a quienes residen en Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar.

El surgimiento de Da’ish (acrónimo peyorativo en árabe), se produjo en medio de la agitación política en Medio Oriente y la fragmentación del Estado irakí y sirio, consecuencia de un conjunto complejo de interacciones producidas a través del binomio tiempo-espacio. Por una parte, en Irak, la invasión estadounidense de 2003 y la posterior restructuración de la organización política; la marginación de la comunidad sunníta-irakí por un gobierno liderado por chiítas; y el aumento de la violencia sectaria, en ocasiones conducida por el Estado o con su aprobación. En la vecina Siria, las protestas que comenzaron como parte de los levantamientos árabes a principios de 2011, el círculo de represión violenta y la guerra civil que desencadenó. Es mediante tal mezcla que se cultivaron las condiciones para la resistencia sunníta, la militancia y el extremismo.

La aparición de ISIS hace cuatro años es la respuesta a –y la continuación de– la marginación de las identidades sectarias en Medio Oriente. La organización logró generar un grado significativo de temor a través de sus acciones (como la documentación de actos violentos contra sus opositores) y estricta constitución de inspiración salafista, pero también proporcionó cierto grado de apoyo a las comunidades que han sido marginadas en Irak y Siria, en donde el Estado Islámico se proyectó como custodio de una sociedad utópica islamista. Para la organización, el resentimiento y los agravios crearon un terreno fértil que le permitió generar simpatía y apoyo. Además, el uso de narrativas sectarias generó un atractivo para los militantes locales y yihadistas internacionales que se inclinaron por la retórica que pretende ofrecer una solución islámica práctica a los problemas regionales.

En el apogeo de su poder, a mediados de 2014, ISIS controlaba un territorio que abarcaba más de 100 000 kilómetros cuadrados, principalmente en Irak y Siria. El control territorial se define en términos de la libertad de movimiento; es decir, en áreas controladas, el autoproclamado califato guarnecía combatientes y operaba de manera libre durante la mayor parte del día y de la noche. Además, ejercía cierta influencia sobre las poblaciones locales en estas áreas, a menudo era el actor dominante y podía establecer su aparato de gobierno y seguridad.

El Estado Islámico controlaba Raqqa, Mosul y Tikrit y, en la primavera de 2015, capturó Ramadi en Irak y Palmira en Siria. El grupo contaba con una población que oscilaba entre siete y ocho millones, yacimientos petrolíferos y refinerías, rutas lucrativas de contrabando y grandes reservas de armas y municiones. Aunado a ello, ISIS atrajo a más de 40 000 combatientes extranjeros que se unieron a sus filas. Lo anterior posicionó a Da’ish como la organización extremista más poderosa, opulenta y mejor equipada en los anales de la historia de Medio Oriente.

El año pasado, el autoproclamado califato comenzó a debilitarse luego de distintas intervenciones internacionales. Da’ish fue expulsado en julio de 2017 de Mosul y su capital de facto, Raqqa, fue liberada en octubre de 2017 por las Fuerzas Sirias Democráticas (FSD), una coalición liderada por milicias kurdas y respaldada por Estados Unidos. Para finales de 2016 e inicios de 2017, el alcance territorial del Estado Islámico disminuyó a 29 700 kilómetros cuadrados y a un millón y medio de personas.

En 2018, ISIS apenas tiene una pequeña porción en el desierto de Jazeera en el Occidente de Irak y algunas ciudades en las orillas del río Éufrates en Siria, 5% de su territorio original. Si bien la pérdida de control territorial y las bajas humanas constituyen un golpe duro para la organización, ello no significa su desaparición porque seguirá operando en la clandestinidad. El Estado Islámico está lejos de ser derrotado en su totalidad y asumir su extinción resulta prematura, al tiempo que subestima su capacidad para reagruparse y resurgir, entonces, ¿dónde está ISIS hoy?

En Siria, el grupo aún controla las zonas en el Noroeste del país y partes del valle del Río Éufrates a lo largo de la frontera irakí. En Irak, se ha mezclado con la población de distintas provincias, en particular en Anbar, Diala y Saladino. El Estado Islámico también vive como una marca global con afiliados terroristas en muchos rincones mundo. ISIS ha establecido desde 2015 un número creciente de provincias o wilayats en Afganistán, Arabia Saudita, Argelia, Egipto, Libia, Nigeria, Yemen y en la zona Norte de la región del Cáucaso.

Estos wilayats se formaron mediante la cooptación de las redes militantes existentes, por ejemplo, en Argelia, con el grupo Soldados del Califato o Jund al-Khilafah; en Egipto cooptó al grupo salafí-yihadista Partidarios de Jerusalén o Ansar Bayt al-Maqdis; y en Nigeria, se unió al grupo salafista Boko Haram, que cambió su nombre a Provincia Islámica de África Occidental o Wilayat Gharb Ifriqiyaah. En suma, grupos yihadistas salafistas preexistentes en Somalia, Filipinas, Turquía, Bangladesh, Indonesia, Mali y Túnez han prometido lealtad o bay’ah a Al-Baghdadi.

En la clandestinidad, el Estado Islámico trabaja para no perder el apoyo popular y ampliar el alcance de su ideología. Continúa utilizando plataformas de propaganda en línea para reclutar, inspirar y mantener la comunicación con los seguidores actuales y futuros. Mantiene activos servicios de medios como al-Hayar Media Center y la agencia de noticias Amaq, que crean y difunden revistas especializadas en línea. Habiendo perdido gran parte de su territorio físico, ISIS opta por este califato virtual, utilizando el espacio en línea para mantener su autoridad legítima y recordar a los seguidores sus logros pasados e inspirar a la próxima generación de extremistas islámicos. Estas herramientas, además, funcionan como fuente de legitimidad.

Aunque el Estado Islámico ya no cuenta con el corazón de su base territorial, su alcance virtual y presencia clandestina permanecen. ISIS está en un proceso de metástasis mientras trabaja por mantener el apoyo popular, continuar como una entidad unida, seguir promoviendo su causa y propagar su influencia. Es importante destacar que, en tanto existan las mismas condiciones que facilitaron su aparición en 2014: sectarismo, marginación de las comunidades, fragmentación de la estructura estatal, así como conflicto y desestabilización política y social, existirá un caldo de cultivo para el extremismo y para la reaparición y resurgimiento del autoproclamado califato.

*Foto: Al Hashisho/Reuters.

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