La luz en la Leyenda Negra

El gran poder del Imperio Católico español en el siglo XVI genera odios, envidias y conflictos, en este sentido la Leyenda Negra es, a la vez anticatólica y antiespañola, Imperio que por su gran extensión fue llamado “El Imperio en el que el sol nunca se pone”, un Imperio que extendió su lengua, costumbres, moral, religión e instituciones.

El término Imperio define a un Estado que consiguió al menos parte de su territorio por conquistas de anexión y que, además, mantiene una expansión constante sobre territorios externos. En la historia pueden encontrarse claros ejemplos, uno es el Imperio español, imperio que por su gran extensión fue llamado “Imperio en el que el sol nunca se pone”, como consecuencia de su poder y control alrededor del mundo.

La Leyenda Negra se direcciona al Imperio Español, ya que fue el primer imperio global en el siglo XVI gracias a los dominios en Europa y el “descubrimiento” del nuevo mundo en 1492. La leyenda es entonces, una guerra propagandística donde el imperio choca con poderes locales y otros reinos muy consolidados en el continente europeo que ven un peligro por dicha expansión.

Con anterioridad, España se fragua, política y territorialmente, en pugna contra el Islam. Y en su labor de recubrir los territorios ocupados por los califatos, adopta planes y programas (ortograma) imperialistas que hacen suya la defensa de los valores de la religión católica. España se va convirtiendo en un «Imperio Católico Universal», un Imperio que pretende extender su lengua, sus costumbres, moral, religión e instituciones.

El protagonismo de este periodo recayó en manos de dos reyes, padre e hijo: Carlos V y Felipe II. El primero, Carlos V (1516), reunió la herencia de los territorios de sus cuatro abuelos: Austria, Borgoña (que comprendía los Países Bajos), el Franco-Condado, Luxemburgo, Aragón y Castilla. Asimismo fue Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y también tenía los reinos de Sicilia, Nápoles, Cerdeña y Jerusalén.

Carlos I (título de rey de España) o Carlos V (título imperial) mantuvo a lo largo de su vida la idea de un Estado Universal a través de un imperio en Europa, tratando de revivir el histórico reinado de Carlo Magno. La consecuencia de este proyecto fue la rivalidad entre Enrique VIII (Rey de Inglaterra) y Francisco I (Rey de Francia), que a pesar de ser primos, buscaban la debilidad del otro. Todos practicaban el lema de la casa de Austria A.E.I.O.U. (Austriae est imperare orbi universo – Todo el mundo está sometido a Austria) al igual que el lema “Los estados que perdemos en batalla, los recuperamos en el lecho conyugal”. Al final Carlos V tuvo el control de Europa pero sin lograr derrotar totalmente a sus enemigos. Eso sí, consiguió elevar a España a la posición de nación más potente de Europa.

El Nuevo Mundo también fue un elemento importante dentro del conflicto monárquico, en ese entonces América estaba reservada única y exclusivamente para España, provocando que los imperios de Francia, Países Bajos e Inglaterra financiaran y respaldaran a grupos que se dedicaban a saquear barcos con ayuda de la Patente de Corso, para así debilitar a España y poder cortar los suministros que ayudaban a financiar las acciones militares españolas en Europa.

Otro elemento importante dentro de la política de la época fue la religión. Carlos V utilizó el catolicismo y su defensa como un medio para dar unidad a los diferentes territorios que controlaba, dándole espirito al movimiento de nueva cruzada. En contraparte, el 31 de octubre de 1517 en Wittenberg Alemania, Martín Lutero, publicó las 95 tesis, cartas dirigidas a la Iglesia de Roma en protesta y resistencia a los edictos imperiales que intentaban buscar la uniformidad religiosa que desembocaría finalmente en la Reforma Protestante.

Por otra parte, Enrique VIII se desentiende de la unidad con Roma como respuesta a la negativa papal a concederle el divorcio de Catalina de Aragón, para casarse con su concubina Ana Bolena. Ante esta ruptura con la Iglesia, el Papa responde con la excomunión. En esta tesitura el monarca inglés sostiene que el Papa no tiene competencia para excomulgarle, pues el verdadero Papa es él mismo. Oficialmente se declaró jefe supremo de la Iglesia de anglicana y suprema autoridad religiosa.

En dicho proceso España se ve obligada a enfrentarse a la Reforma protestante, que es utilizada política e ideológicamente por las nacientes potencias europeas para debilitar a la Monarquía Hispánica en una inevitable dialéctica de lucha entre Estados. Carlos V se vio en la imposibilitado de terminar con el movimiento reformador orillándolo a aceptar las propuestas de los príncipes del Imperio que se habían adherido a las doctrinas luteranas. Años más tarde, la paz de Augsburgo (1555) reconocía que cada príncipe podía profesar la religión que quisiera, sin que el emperador lo pudiese impedir, y que todos los súbditos debían seguir la religión del príncipe (según el principio cuius regio, eius religio).

Carlos V cansado y enfermo abdicó un par de años antes de su muerte. Su hijo, Felipe II, tomó el trono español en 1556 donde gobernó el enorme imperio integrado por Castilla, Aragón, Cataluña, Navarra, Valencia, el Franco-Condado, los Países Bajos, Sicilia, Cerdeña, Milán, Nápoles, Orán y Túnez, toda la América española (con excepción de Norteamérica) y Filipinas. En 1580 es nombrado rey de Portugal, por lo que incorporó Brasil y los territorios afroasiáticos portugueses.

El reinado de Felipe II coincide con la transición de la Edad Media a la Edad Moderna. En este sentido España potencializo el capitalismo europeo por la gran cantidad de oro y plata que introdujeron a Europa pero a su vez, el impacto de los metales americanos sobre la economía española es paradójico: por un lado proporcionó enormes cantidades de dinero pero la escasa productividad del país, la enorme inflación causada por la llegada masiva de plata y el enorme déficit provocado por los gastos de la guerra, provocaron hambrunas y miseria en la mayoría de la población.

Además Felipe II tuvo conflictos con los Países Bajos, apoyados por Inglaterra, que finalmente logran su autonomía en 1598. Esto provocó un enfrentamiento con Inglaterra. La consecuencia inmediata fue el intento fallido de invasión a la isla británica con la fuerza armada española llamada “Armada Invencible”. Sin embargo, se perdió, incluso antes de la verdadera batalla, pues hubo una mala planificación.

Comienza la batalla ideológica. El gran poder del Imperio Católico español en el siglo XVI genera odios y envidias y, en este sentido, la Leyenda Negra es, a la vez anticatólica y antiespañola. La Leyenda se desarrolla principalmente en torno a las siguientes acusaciones: La injusta expulsión de judíos y musulmanes de los reinos hispanos,  Las fanáticas persecuciones de herejes y disidentes realizadas por la Inquisición española, Las belicistas empresas imperiales de la monarquía católica española en Europa a lo largo de los siglos XVI y XVII con el fin de erradicar el protestantismo de sus territorios y La aniquilación de culturas, matanza y esclavización de indígenas durante la conquista de América.

Increíblemente quienes dieron inicio a la Leyenda Negra fueron dos españoles: La «Brevísima relación de las destrucción de las Indias» (1542), escrita por el misionero dominico fray Bartolomé de las Casas fue decisiva en el desarrollo de la «Leyenda Negra americana», la relativa a la labor española de exterminio y saqueo del Nuevo Mundo, y las «Relaciones» (1594), escritas por Antonio Pérez, antiguo secretario de Felipe II huido a Inglaterra.

En contraposición, hace casi cien años, en 1914, Julián Juderías publicó un ensayo sobre de La Leyenda negra, primer estudio sistemático sobre el prejuicio antiespañol, quien describe el concepto como:

[…] el ambiente creado por los relatos fantásticos que acerca de nuestra patria han visto la luz pública en todos los países, las descripciones grotescas que se han hecho siempre del carácter de los españoles como individuos y colectividad, la negación o por lo menos la ignorancia sistemática de cuanto es favorable y hermoso en las diversas manifestaciones de la cultura y del arte, las acusaciones que en todo tiempo se han lanzado sobre España fundándose para ello en hechos exagerados, mal interpretados o falsos en su totalidad, y, finalmente, la afirmación contenida en libros al parecer respetables y verídicos y muchas veces reproducida, comentada y ampliada en la Prensa extranjera, de que nuestra Patria constituye, desde el punto de vista de la tolerancia, de la cultura y del progreso político, una excepción lamentable dentro del grupo de las naciones europeas.

Finalmente los conceptos hispanofóbicos que más han influido en la deformación del pensamiento occidental se propagaron de forma extraordinaria durante los siglos XVI y XVII, merced al vigoroso y múltiple empleo de la imprenta. A mayor abundamiento, las pasiones de la reforma protestante, mezcladas con los intereses antihispanos de Holanda e Inglaterra, contribuyeron a formar un ambiente propicio para el desarrollo del amplio y frondoso “árbol de odio” que floreció y se puso muy de moda en el mundo occidental durante la época de la Ilustración del siglo XVIII, cuando tantos dogmas de hoy tomaron forma clásica.

No hay que olvidar que la diferencia entre las conquistas llevadas a cabo por España y las de Inglaterra son conceptuales, ya que aunque ambos fueron imperios conquistadores, las intenciones que llevaron cada uno marcaron los modos y usos de la misma. Mientras que los españoles buscaban la expansión de unos principios religiosos y culturales, los anglosajones se centraron con auténtico acerbo en la consecución de sus proyectos mercantiles, en los cuales quedaron reflejados los principios filosóficos y teológicos del protestantismo, sobre todo en su versión puritana.

El hecho de que no hablemos de una leyenda negra inglesa no significa que no pueda desarrollarse en términos de contraposición, se puede recordar las acciones atroces que realizo el imperio británico, cuya expansión comenzó con un siglo de retraso en comparación con los españoles, el exterminio parcial o total y el desplazamiento de aborígenes en Oceanía así como poblaciones indioamericanas del norte continente americano, basados en ideas teóricas científicas de Darwin. La Inquisición anglicana que era sumamente intolerante a la libertad religiosa respaldada por el Acta de uniformidad compuesta por  42 artículos que venían a condensar la esencia del anglicanismo, por lo que se hizo obligatorio su juramento, al menos si se quería seguir conservando bienes y vida. La crueldad y la tremenda represión religiosa de este reinado queda bien patente en un extraordinario libro: Tolerance and intolerance in the European reformation 1520-1565. Y finalmente la institución de la esclavitud que oprimió durante varios siglos a los africanos y afroamericanos en el Nuevo Mundo además que en el siglo XVII la inmensa mayoría de los esclavos en el Caribe y las posesiones británicas en Norteamérica eran blancos y católicos, ya que se decía que eran abundantes, baratos y desechables, y tendían a morir con facilidad. Los ingleses dispusieron de cientos de miles de irlandeses y, en menor medida, escoceses, a sus plantaciones en el Caribe y Norteamérica.

En la semántica de la palabra leyenda refiere a un hecho real o fabuloso que con el tiempo se deforma, generaliza hechos concretos y aislados, los adorna con otros hechos imaginarios y así se termina construyendo una visión falsa de la realidad. Es verdad que el imperio español promulgo Las Leyes Nuevas (originalmente Leyes y ordenanzas nuevamente hechas por su Majestad para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los Indios) que son un conjunto legislativo promulgado el 20 de noviembre de 1542 que pretende mejorar las condiciones de los indígenas de la América española, fundamentalmente a través de la revisión del sistema de la encomienda y brindando una serie de derechos a los indígenas para que vivan en una condición mejor. La crónica está plagada de casos en los que no sólo encomenderos, sino también funcionarios reales peninsulares de alto nivel, fueron investigados por la Justicia, apresados, conducidos a España, juzgados, encarcelados e incluso ejecutados por los abusos cometidos. La protección de los indios no era una mera declaración de intenciones.

No todo fueron críticas negativas, La Leyenda Negra no puede entenderse sin su paralela Leyenda Rosa: la exaltación de los valores hispánicos que se hace desde la propia España. La leyenda rosa va a proyectarse hacia la glosa devota de la monarquía y los propios apuntes narcisistas del esencialismo español y la exaltación retadora de la lengua y cultura hispánica. La colonización española en aquellas tierras fue una empresa nacional, pues en ella participaron los Reyes, el pueblo y el clero. Los Reyes, lejos de explotar las colonias como si fueran un negocio, las consideraron como una parte del reino que había que evangelizar y civilizar. Ellos enviaron misioneros, ordenaron que se tratara a los indios como a hermanos y no autorizaron su esclavitud. Los misioneros, además de la doctrina cristiana, enseñaron a los indios otros conocimientos. Sesenta años después del descubrimiento, había en América pueblos y ciudades con iglesias, escuelas, colegios y Universidades.

Difícilmente en las aulas latinoamericanos se estudia a fondo a la nación que intervino en la historia de los países latinoamericanos, tenemos una relación directa con España y debemos reencontrarnos con nuestra historia. Como mexicanos, es preciso saber que la enemistad de siglos entre Inglaterra y España fue trasladada a nuestro continente. Aceptar, serenamente, las luces y sombras de la grandeza de la nación que nos conformó, sin negar sus errores pero rechazando enérgicamente la Leyenda Negra, compuesta de verdades a medias o fuera de contexto, tal es la tarea que nos toca, conscientes de que parte de nuestro linaje viene del primer gran imperio en la historia de la humanidad, el español. Nuestra Madre Patria.

*Imagen: abc.es,2018

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