El fútbol contra lo políticamente correcto

Unos y otros, detractores y seguidores, fanáticos e intelectuales, jugadores y observadores, solo conocen los argumentos que les son favorables. Lo triste no es ver o no el futbol, lo triste es sacarlo del contexto social, político, cultural y deportivo en el que está inscrito, ni es la raíz de todos los males ni la solución de todos los problemas.

En los últimos días las redes sociales han estado repletas de un sinnúmero de opiniones (contrarias muchas veces) en torno a lo que es la máxima fiesta del balompié: el mundial de fútbol. Y en esta ocasión, más que en ninguna de sus ediciones anteriores, la efervescencia deportiva se ha presentado más que nunca, las razones, aunque varias, se pueden identificar en el imaginario mexicano con las siguientes: las elecciones (cada 12 años coincidirán la elección de la primera magistratura y el Mundial) y el auge exponencial del acercamiento de la sociedad con las nuevas tecnologías (que permiten cada vez más la presencia del internet en nuestra vida cotidiana).

Para fortuna de unos y para desgracia de otros el fútbol, durante un mes cada cuatro años, ocupa gran parte de la atención individual y colectiva: inunda escuelas, oficinas, restaurantes, cines y casi cualquier plaza pública con grandes conglomerados de personas, es casi imposible no verse envuelto en la marejada de sucesos que giran en torno a este evento deportivo. Por ello es que decidí escribir las presentes líneas, en las que comparto algunas ideas que han surgido de la observación del comportamiento de la sociedad en que me desenvuelvo.

La grandeza, popularidad y belleza del fútbol no se debe a su valor económico, político o social, ni siquiera en su ejecución, si no en la simplicidad de la misma (son diecisiete reglas que componen a este deporte). Es quizá, gracias a ello, el deporte por excelencia popular: solo se necesita la pasión y un objeto que sustituya al balón para comenzar a jugarlo, después de todo ¿quién no recuerda los envases de frutsi o botellas de plástico vacías en las horas del recreo?

Sumado a esto, es prácticamente innecesario contar con vastos recursos económicos para poder triunfar en este deporte, los casos emblemáticos hablan por sí solos —los grandes ídolos y figuras futbolísticas no han salido de entornos favorables, todos comenzaron desde las calles para terminar en los grandes clubes y equipos que se conocen hoy en día. Si bien es cierto que esto ha originado que se desvirtúen algunas prácticas, el argumento en sí mismo representa un gran parteaguas en las vidas de muchos neófitos futbolistas. Ningún otro deporte tiene esta noble característica.

Llegado este punto, casi puedo afirmar que muy pocos entenderán lo que significa ver un balón en movimiento, recibir un pase o, quizá, tener la fortuna de anotar un gol o por el contrario recibir uno en contra (quizá ni yo mismo terminé de entenderlo). Pero de lo que estoy seguro es que muchos, alguna vez,  hemos tenido la oportunidad de celebrar o lamentar un gol, que aunque es ajeno, nos sabe como propio. Esta es otra de las grandes maravillas de este deporte, la integración social, saberse uno con la comunidad y la comunidad como uno: ricos, pobres, blancos, negros, mestizos, intelectuales etc., triunfan o pierden por igual.

Debemos entender que somos bichos políticos y sociales, y por lo tanto, cada una de las expresiones que partan y provengan de la sociedad debe ser analizada como tales, sin importar si son buenas o malas, sino porque son. El fútbol, por consiguiente, no se excluye de la premisa anterior, y porque es debe ser analizado y estudiado desde todas sus vertientes: la creación de comunidades, la adaptación del lenguaje, su economía, su cultura, sus expresiones artísticas, sus prácticas y anti-prácticas, sus bondades y sus errores. Si no se entiende esto, no se entiende lo que son las construcciones humanas.

Es por ello que se debe invitar a estudiar el fenómeno del fútbol desde una multiplicidad de dimensiones: cultural, histórica, política, económica, social, antropológica, psicológica, en fin, desde todas las vertientes en las que se pueda estudiar. El fútbol, bien estudiado, puede ser uno de los fenómenos que permita un estudio transdisciplinario en muchas ciencias.

En años recientes el internet ha originado el surgimiento de nuevos fenómenos: la creación de nuevos grupos sociales, una nueva clasificación de los individuos e incluso nuevas formas de percibir nuestro entorno; lo que ha devenido en una falta de integración e incluso un desentendimiento con lo presencial. La división de lo físico y lo virtual será más profunda con los años. ¿Será adecuado o no? Solo el futuro lo dirá. Por este mes, los grandes aficionados del fútbol agradecerán a las nuevas tecnologías por poder disfrutar, una vez más, esta fiesta futbolística.

En este nuevo mundo los conceptos políticamente correcto y políticamente incorrecto han adquirido matices, únicos en las redes sociales y con ellos han aparecido nuevos defensores de lo políticamente correcto e incorrecto. La percepción es un línea tan delgada que nadie sabe donde empieza y dónde desaparece, la comunidad de ideas a originado una multiplicidad de destinos, no en balde la conocida frase cada cabeza es un mundo ha adquirido un nuevo impulso en la segundad década del siglo XXI. Hoy día se vive con el miedo de ser el nuevo fenómeno de internet y objeto de críticas ¿qué comentario no ofende a ningún grupo social? Con seguridad las presentes líneas lo harán con más de uno.

Los defensores del intelectualismo o los que pretenden serlo, se han declarado enemigos de todo aquello que tenga tinte de popular o cortina de humo; para ellos lo políticamente correcto sería desaparecer de las masas eso que les brinda una distracción de sus deberes ciudadanos (lo que sea que signifique). Pretenden educar y criticar a las masas desde un pedestal que los separa de las emociones “mundanas”, se deprenden y desligan de todo lo que los ha hecho llegar hasta ahí, la comunidad, la colectividad con todo y sus malas y buenas costumbres, se pretenden elevar por encima del imaginario colectivo como si se fuera capaz de tal cosa, porque ellos ya han accedido a un nuevo mundo, en el que parece que los fenómenos populares solo son creaciones del mal que aqueja a todas las sociedades.

Lamentablemente muchos intelectuales no se detienen a pensar cuáles han sido los motivos por lo que existe esta fiesta popular, esta pasión y estas emociones. Y para ello dos vertientes se abren ante ello: la primera, la distracción respecto al entorno que los rodea —el hartazgo, el cansancio, el escape a los problemas cotidianos—; y la segunda la recreación —la diversión o simplemente el puro gusto. Sea una, otra o ambas, no se puede negar que cumple con su cometido, después de todo fue el resultado de una dinámica social que pretendía darle una salida a todo un cúmulo de emociones, sean positivas o negativas y las reflejaron en una actividad que permite la tranquilidad de un individuo y su colectividad.

Se les olvida, además, a los pensantes que muchas de esas construcciones y pasiones sociales son las que nos han llevado al lugar en el que estamos. No se debe de olvidar que es el estudio de lo social (y todo lo que implica) lo que nos apasiona y nos motiva a estar en el lugar en el que estamos, ¿cómo pretendemos cambiar algo de nuestro entorno si no entendemos los grandes constructos sociales y las emociones que generan?

¿Ser aficionado del fútbol te hace ignorante? Creo que no. ¿Odiar el fútbol te hace intelectual? Por supuesto que tampoco. Ni unos, ni otros tienen la razón. Si se olvida el análisis solo por dogmatismos o creencias de grupo, no se puede dimensionar la complejidad y relación de todos los fenómenos sociales entre sí. El aislarnos de una actividad popular o de una actividad intelectual, solo rompe y profundiza el desgarre del tejido social: lo científicamente e intelectualmente adecuado o inadecuado han sido o bien raptados por un grupo de pseudointelectuales que pretenden la pureza de los estudios sociales o por fanáticos que detestan todo lo que no sea popular; se ha abandonado el análisis de los fenómenos más palpables con el objetivo de trascender y  también se pierde de vista que es de ahí de donde precisamente surge la trascendencia. Explicar y modificar algo que caracteriza a la sociedad, es lo que garantiza la huella del individuo.

Por otro lado, los fanáticos extremos, también adquieren una connotación negativa en las sociedades. La falta de sentido común y de respeto de todos los involucrados (los aficionados que no saben ganar o perder, las nuevas figuras públicas —o influencers— e incluso los mismos jugadores) han rebasado las normas básicas de convivencia. No se debe olvidar que aunque es una competencia deportiva, confluyen comunidades de destinos y de designios, la interculturalidad debe ser la esencia vital de este evento.

El fútbol y el anti-fútbol, son dos conceptos que surgen del análisis dentro y fuera de la cancha, de los jugadores a los equipos, de los clubes a los países, de las sociedades a los gobiernos, de los individuos a las colectividades, de la geopolítica a la geoconomía; es decir trastoca siempre los opuestos sociales. Por lo mismo es un fenómeno digno de apreciarse en toda su dimensión, si aún no se ha entendido esto, se sigue perteneciendo a esa élite intelectual separada de su objeto de estudio.

No en balde se han ocupado los resultados obtenidos por las escuadras nacionales en beneficio de unos pocos, un caso concreto, por ejemplo, el mexicano: ha sido retomado por los estudiosos, por los políticos, por los fanáticos y por los detractores del fútbol. Ya sea para comparar una candidatura con un resultado de fútbol o por el nivel educativo y de salud de los dos países (en donde se olvidan del proceso histórico que ha caracterizado a las sociedades, en el que, sin duda, se tendría que declarar como ganador el caso mexicano —si es que seguimos esa pésima línea de ideas—; mientras que uno se industrializó vía la colonización, el otro fue colonizado, en ese sentido tendría que preguntar ¿cómo, entonces, fue posible un resultado favorable cuando las condiciones deportivas han sido mejores en Alemania, resultado evidente de su actitud colonial?) o por ser utilizado como cortina de humo para privatizar el agua; o simplemente como forma de controlar a las masas. No cabe duda que cada quien lo ocupa como mejor le parece.

Como intelectuales hemos fallado, como sociedad hemos fallado y como individuos también, criticamos de lo que adolecemos, nos enorgullecemos de lo que carecemos y presumimos lo que no tenemos. Unos y otros, detractores y seguidores, fanáticos e intelectuales, jugadores y observadores, solo conocen los argumentos que les son favorables. Lo triste no es ver o no el fútbol, lo triste es sacarlo del contexto social, político, cultural y deportivo en el que está inscrito, ni es la raíz de todos los males ni la solución de todos los problemas. Solo que de vez en cuando, ver un partido, sentir las emociones del juego y gritar un gol es un placer que muy pocos saben apreciar.

Cabe mencionar que aún cuando todo lo anterior fue escrito desde una visión nada objetiva, no por ello deja de ser cierto. Después de todo, como mexicano, ese uno-cero México-Alemania, lo gocé como nunca.

*Foto: Forum Libertas (2017).

  1. Mario Domingo Queen 19 junio, 2018 en 10:31 pm

    Hijo, reflexivo todo el texto. Mucho por analizar y mucho más por digerir en todos los contextos.
    Abrazos.

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