México y la cooperación militar de Rusia: la importancia de ser el ombligo del mundo

En la actualidad, contar con una potencia militar del tamaño de Rusia como socio se antoja un movimiento sumamente acertado en el tablero internacional por parte de México. En este contexto, es necesario tomar en cuenta el declive de Estados Unidos como potencia hegemónica, que al tiempo que Rusia aumenta sus contratos bélicos alrededor del mundo, este país los disminuye de manera notable.

La relación entre México y Rusia se ha caracterizado por diversos puntos de convergencia en donde, de alguna forma, dos Estados que pueden antojarse tan diferentes han estado emparentados de manera tan directa; por ejemplo, al haberse gestado en su interior las primeras dos revoluciones del siglo XX. En este sentido, no es de extrañar que dos naciones que a lo largo de su historia han sido tan asiduas a los conflictos armados (guardando sus respectivas dimensiones) hayan llegado a un punto en el cual la cooperación militar se volvió un paso inevitable en la evolución de la relación.

La cooperación militar entre México y Rusia tuvo su auge durante la década de 1980, cuando, gracias a diversos acuerdos firmados entre el Ministerio de Defensa de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y la Secretaría de la Defensa Nacional de México, comenzaron a arribar a territorio mexicano vehículos militares para reforzar el actuar de  sus fuerzas armadas; caso contrario a lo ocurrido durante la década de 1990, debido a la coyuntura internacional en donde la URSS colapsó y  Estados Unidos se alzaó como potencia hegemónica mundial, significando, con esto, el declive de la exportación de maquinaria bélica por parte del país eslavo; causando que los nuevos acuerdos militares del Estado mexicano se centraran casi de manera exclusiva en Estados Unidos.

Es preciso mencionar que, aun después de décadas de haberse dado por terminada la Guerra Fría, el enfrentamiento de las dos potencias militares siguió dándose de manera indirecta, inmiscuyendo a países con poco actuar militar en la arena internacional. Tal es el caso de México, país que en 2015 sirvió de punto de partida para una serie de enfrentamientos indirectos entre actores con peso medio dentro de los gobiernos ruso y estadounidense. Durante este año, la tensión entre ambas potencias, debido a la reincorporación de la península de Crimea a territorio ruso, se encontraba en su punto máximo al sonar la posibilidad de que el gobierno estadounidense suministrara armas a Ucrania, con el fin de evitar la separación de la península.

Como respuesta a dicha situación, el presidente del Parlamento de Chechenia declaró que, de llevarse a cabo esto, su Estado suministraría armas e inteligencia a México para que fuera capaz de recuperar los territorios perdidos frente a Estados Unidos en la guerra de 1848. Aunque es cierto que de inmediato el gobierno federal de Rusia se pronunció diciendo que un Estado parte de la federación no tiene la capacidad de suministrar equipo bélico por su cuenta a un tercer Estado, quedó evidenciado el papel geoestratégico que tiene México en el campo militar internacional.

Después de haber sido expuesto el potencial de México como Estado receptor de armamento ruso, y partiendo de la necesidad mexicana de combatir al crimen organizado con mejor armamento, comenzaron los nuevos acercamientos México-Rusia basados en nuevas tecnologías. Ejemplo de ello es que la empresa rusa Ptero G0 vendió a México cinco aeronaves no tripuladas para ser usadas por la Secretaría de Marina en las tareas de vigilancia costera. Además de la venta de estos drones, la empresa rusa suministró entrenamiento al personal mexicano, redundando, con ello, en el fortalecimiento de los vínculos no solo en el ámbito comercial con la compraventa de vehículos, sino en un acercamiento humano y técnico entre personal especializado de ambos países.

Al hacerse evidentes los avances conseguidos gracias a la cooperación técnica llevada a cabo, el gobierno ruso, a través del Ministerio de Defensa y del Ministerio del Exterior, comenzó a ver a México como el punto de partida para su expansión comercial-militar en América Latina, por lo que, después de la Cumbre de Negocios de San Luis Potosí, celebrada en esa entidad mexicana durante el segundo semestre de 2017, las negociaciones para que  los primeros centros de producción y mantenimiento de vehículos militares rusos en América se ubiquen en territorio mexicano se han acelerado y tomado con mayor seriedad por parte de ambas administraciones; llegando, incluso, a mencionarse que uno de estos centros tendría una longitud aproximada de 4,000 metros cuadrados.

Un punto medular en el cual convergen los intereses en aspectos de cooperación militar entre los dos países es en la inversión que ambas administraciones federales han hecho y planean hacer en este sector. Ejemplo de dicha convergencia de intereses fue que, tal como informó el Embajador de la Federación de Rusia en México, Eduard Malayán, diplomáticos mexicanos acreditados en Rusia realizaron visitas a diversas fábricas de equipo bélico, con el objetivo de sopesar las diferentes opciones que se tienen para renovar y reactivar los acuerdos (ahora obsoletos) de las décadas de 1980 y 1990, para llevarlos a un nuevo nivel. Por su parte, Rusia se encuentra en un proceso de rearmamento de América Latina, para poder mantener la inversión federal realizada en diseño, construcción y venta de equipo bélico exportable que ha caracterizado a la administración del presidente Vladimir Putin, desde su primer periodo.

Durante el año 2017, los preparativos para la Feria Aeroespacial México estuvieron marcados por la expectativa que se tenía frente a un evento en el cual se contaría con una de las presentaciones más grandes de armamento ruso fuera del país eslavo. Durante tal evento, las diferentes empresas bélicas de Rusia (principalmente Rosoboronexport) presentaron avances en armamento diseñado específicamente para necesidades de países latinoamericanos; logrando, con esto, llegar a acuerdos con el poder ejecutivo mexicano a través de la Secretaria de la Defensa Nacional y la Secretaría de Marina, para la adquisición de helicópteros de guerra que incluyen el proceso de capacitación para los pilotos, así como utilización y mantenimiento en bases aéreas rusas.

En la actualidad, contar con una potencia militar del tamaño de Rusia como socio se antoja un movimiento sumamente acertado en el tablero internacional por parte de México. En este contexto, es necesario tomar en cuenta el declive de Estados Unidos como potencia hegemónica, que al tiempo que Rusia aumenta sus contratos bélicos alrededor del mundo, este país los disminuye de manera notable. Por lo anterior, es necesario diversificar las relaciones exteriores de México, no solo en materia comercial, sino también en temas tan importantes como la defensa nacional.

Es menester que México tome el tema de la seguridad y la defensa nacional en sus manos, como cualquier Estado soberano debería de hacerlo para consolidarse como tal, ya que, parafraseando a Thomas Hobbes, no puede haber un poder más grande que el del Estado, y si lo hay, ese es el Estado.

Es así que, tal y como se llevó a cabo durante el año 2017, cuando el Estado Mexicano firmó un contrato con la empresa alemana Sig Sauer para adquirir piezas que se utilizarían para el ensamblado de armas sin notificar a Estados Unidos, debería volverse una práctica cotidiana actuar en razón del interés nacional recordando, a su vez, que un Estado no puede consolidarse como un sujeto soberano si no cuenta con la fuerza para defender esta condición. Es preciso reconocer las grandes oportunidades que se presentan ante México para hacer crecer su poderío tomando como punto de partida la envidiable posición 32 que ocupa en la famosa medición Global Firepower, siendo solo superado por Brasil en la región latinoamericana.

Sin duda, este resulta ser un asertivo primer paso para avanzar en el tema de recuperar la visión de México como el ombligo del mundo; partiendo de ello para aprovechar el potencial geoestratégico que el territorio tiene para todas las grandes potencias y, así, volver a tomar decisiones desde la postura más pragmática posible, tal y como se buscó hacer cuando el recién nacido Estado Mexicano se sabía un Imperio.

 

*Foto: El Universal, 2015.

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