La Guardia Suiza: semblanza de un ejército único en su especie

La Guardia Suiza Pontificia, también llamada Custodes Helvetici por su nombre en latín, es un cuerpo militar encargado de la protección del Papa y del Estado del Vaticano, considerado como el ejército más pequeño del mundo. Cuenta con más de 500 años al servicio del Sumo Pontífice.

La Guardia Suiza Pontificia es uno de los atractivos turísticos del Vaticano, sus peculiares vestimentas resultan llamativas para muchas personas que se acercan a estos custodios de la Santa Sede para tomarse la foto del recuerdo. Pero detrás de esta imagen de juego se encuentra un ejército con una tradición de siglos y un considerable poder de fuego.

La Guardia Suiza Pontificia, también llamada Custodes Helvetici por su nombre en latín, es un cuerpo militar encargado de la protección del Papa y del Estado del Vaticano, considerado como el ejército más pequeño del mundo. Cuenta con más de 500 años al servicio del Sumo Pontífice. Los miembros de la Guardia Suiza son soldados suizos que han recibido el entrenamiento del servicio militar de su país, y además una preparación especial para su también especial labor protegiendo a la máxima autoridad de la Iglesia Católica. Además, están equipados con armas de fuego que van desde pistolas hasta rifles de asalto, portan gas lacrimógeno e incluso algunos llevan granadas. Este moderno equipamiento contrasta con su atuendo, que de acuerdo con la tradición fue diseñado por Miguel Ángel, y que además incluye la portación de armas antiguas como la alabarda, lo que combina la tradición con la modernidad de manera formidable.

Sus orígenes se remontan a la Edad Media; desde 1291, cuando se pactó la Alianza Perpetua entre los cantones de Schwyz, Uri, y Unterwalden, que dio origen a la Antigua Confederación Helvética. Los suizos se vieron inmersos en confrontaciones armadas con el Sacro Imperio Romano Germánico para lograr su independencia, así como en guerras civiles internas que se daban conforme nuevos cantones se integraban a la Confederación. Estas guerras dieron como resultado un pueblo preparado para la guerra.

Eventualmente, la Confederación logró liberarse, de facto, del Sacro Imperio Romano, al mismo tiempo que los conflictos internos eran apaciguados, y la Dieta, órgano de gobierno conformado por representantes de cada uno de los cantones, se consolidaba como la mayor autoridad del Estado Helvético. Sin embargo, la ausencia de conflictos y la pésima situación económica dejaban a una gran cantidad de ciudadanos helvéticos sin ocupación alguna, por lo que empezaron a prestar servicios como mercenarios para potencias extranjeras.

Ello hizo que, con el tiempo, los suizos comenzaran a tener fama de pueblo mercenario entre los reinos de Europa; el rey de Francia destacaba como su mayor cliente e incluso llegaba a tratar a Suiza como si fuera un Estado vasallo. La habilidad de los helvéticos en el arte de la guerra se hizo conocida por toda Europa, y la contratación de mercenarios suizos se hizo una constante en el continente, llegando a enfrentarse entre connacionales suizos en algunas batallas.

En el año 1503 el Papa Julio II se poso en contacto con los helvéticos. Este jerarca buscaba por todos los medios posibles expulsar a los bárbaros franceses de Italia, y conocedor del excelente desempeño militar de los suizos, decidió valerse de ellos para conseguir sus objetivos. El 21 de enero de 1506, el contingente llegó a la Santa Sede, y al día siguiente se creaba oficialmente el cuerpo de la Guardia Pontificia, fundado por el mismo papa Julio II, y compuesto por ciento cincuenta soldados helvéticos bajo el mando del capitán Gaspar Von Silenen.

El bautizo de fuego de la Guardia Suiza llegaría el 6 de mayo de 1527, el día en que los conflictos políticos entre el Papa Clemente VII y Carlos V de Alemania llegaron a su punto álgido al ser invadida y saqueada la ciudad de Roma por mercenarios alemanes y españoles. Durante el ataque, la Guardia contuvo a las tropas invasoras, mientras el Papa acudía a refugiarse en el Castillo de Sant’Angelo, a través del Passetto, un corredor secreto que conecta al castillo con El Vaticano. De los 189 soldados suizos que se encontraban protegiendo el lugar, solo los 42 que escoltaban a Clemente VII en su escape sobrevivieron; los restantes 147 cayeron en combate, resistiendo el embate del enemigo. A la postre, una semana después, sitiado y con la ciudad de Roma ocupada por los invasores, el Papa capituló.

Este suceso marcaría para siempre a la Guardia Suiza, pues el valor y la lealtad demostrados por los soldados helvéticos motivó a los Papas posteriores a mantener a la Guardia a su servicio. Además, la fecha del saqueo de Roma es conmemorada cada año a través de un evento muy relevante para Suiza y para El Vaticano, pues cada año, el día 6 de mayo, los nuevos reclutas se presentan y juran lealtad al Sumo Pontífice.

Después del saqueo de Roma, la Guardia Suiza volvió a ser formada por el Papa Pablo III, en 1548, y con 225 hombres. Un destacamento de esas nuevas tropas sería enviado a combatir a los turcos en Lepanto durante las guerras Habsburgo-Otomanas.

La Guardia no volvería a tener episodios destacables hasta 1798, cuando fuera disuelta por órdenes de Napoleón Bonaparte, quien además obligó al Papa Pío VI a exiliarse para asegurarse de que El Vaticano no le causaría problemas. La Guardia sería formada nuevamente en 1801 por el Papa Pío VII; además sería reorganizada como una fuerza exclusivamente defensiva, manteniéndose en ese statu quo hasta la actualidad. Desde entonces, la Guardia se ha mantenido relativamente sin mayores problemas.

En la actualidad la Guardia Suiza se conforma de voluntarios que prestan servicio militar en Suiza. Estos deben cumplir con una serie de requisitos como ser católicos, ser de nacionalidad suiza, pasar las pruebas médicas (físicas y psicológicas) del reclutamiento, contar con una carta de buena conducta, haber cumplido la instrucción básica del ejército, tener al menos el grado de bachillerato, ser soltero (aunque pueden casarse bajo ciertas condiciones, con posterioridad), tener entre 19 y 30 años, etcétera.

El servicio tiene una duración total de 2 años, más doce meses de preparación. Ccuentan con alojamiento y un sueldo de 1800 francos suizos mensuales.

Prestar servicio en la Guardia Suiza es visto como un gran honor por los que participan en ello. Y para los estudiosos de la historia y las cuestiones militares, la Guardia Suiza no es algo que deba pasar desapercibido, pues es un interesante objeto de estudio que se relaciona con otro tema llamativo: El ejército suizo. Tema que se abordará en futuras publicaciones de esta plataforma.

 

*Foto: Agencia Andina de Noticias, 2018.

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