La confrontación cultural hemisférica

Para entender la dinámica que se desarrolla en América Latina y aún más la que se lleva a cabo con Estados Unidos, no solo basta con abordar los sucesos desde una perspectiva política, económica o social, sino que se debe abordar el estudio de esta región desde la perspectiva cultural.

En años venideros, será preciso analizar el proceso cultural que se desarrolla entre Estados Unidos y América Latina, con la finalidad de comprender la dinámica social que se presenta entre ambas regiones: la diferencia cultural representa un obstáculo a la hora de armonizar a dos sociedades sumamente diferentes (un ejemplo digno de lo que planteaba Huntington en su maga obra). Para dicho fin se abordarán tres  variables: la difusión de la cultura estadounidense en el mundo occidental; los intereses estadounidenses en la región; y, la lucha contra el proceso de aculturación en América Latina.

La primera variable se enfoca en la revisión de debates fundamentales sobre la concepción de cultura estadounidense, es decir, si hay o no cultura estadounidense; si es una herramienta de control; si está en constante expansión y si es utilizada como herramienta de control. Esto es vital para tratar de develar la razón del éxito que tiene entre los países de occidente.

La segunda variable es debatible (por las subjetividades de cada individuo), ya que los puntos de interés de Estados Unidos pueden ser identificados mediante el análisis de los sucesos históricos en la región. A pesar de que pareciera un aspecto tangencial de las cuestiones culturales, es todo lo contrario: se entremezcla en las necesidades de proyectar la cultura estadounidense en la región como un mecanismo de la expansión de sus influencias en la región

Finalmente, la tercera variable, resultado de las dos primeras, es, nuevamente, subjetiva: se basa la interpretación y análisis de los sucesos e impacto de las acciones estadounidenses en la ideología de los países latinoamericanos. La creación de políticas, las intervenciones, el intercambio académico —técnico y científico—, además de la promoción de los valores occidentales (democracia, derechos humanos); han modificado, en mayor o menor medida, la psique de las sociedades.

Un aspecto esencial para abordar este tema de manera adecuada el concepto central será la ‘cultura’, pero entendida en su concepción más amplia hasta el momento, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidades para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO por sus siglas en inglés):

…la cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias y que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.

Esta definición es digna de ser discutida por todo el trasfondo que conlleva, como las cuestiones ideológicas, económicas, políticas e, incluso, de construcciones conceptuales: si se cuestiona sobre su procedencia y quién la propone y la mantiene como definición universal; sin embargo, no es el objeto de éste ensayo; por lo que, a pesar de estas, consideraciones nos atendremos a ella con la finalidad de armonizar los conceptos que se abordarán ante la diversidad de definiciones que existe al respecto. Una segunda razón de ello, de la cual podría derivarse un ensayo completamente distinto, es aventurarse a utilizarlos (los conceptos) para reivindicar las luchas culturales locales.

Uno de los grandes debates culturales es la existencia o no de una cultura estadounidense, que se deriva, evidentemente, del desconocimiento sobre el concepto mismo; que engloba y abarca todos los sucesos de la vida humana, desde lo material, hasta lo inmaterial, desde lo objetivo, hasta lo subjetivo, e inclusive, lo metafísico. Es por ello que definir un tipo de cultura, perteneciente a un solo Estado es sumamente complejo de realizar; si se concibe que dentro de una demarcación territorial perteneciente a un solo país existe una mega diversidad de comunidades (y por lo tanto de ideas y seres humanos), existirán un sinnúmero de culturas.

Para acabar con dicho debate se debe proponer el análisis de Estados Unidos utilizando como base la definición de cultura de la UNESCO. Toda cultura debe poseer: rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos, presentándose en todas las expresiones sociales de la población. El asunto de la cuestión no es entonces saber si la Unión Americana o no produce cultura, porque gracia a esa amplia definición cualquier núcleo urbano la produce; sino que es preciso saber qué es lo caracteriza a la llamada cultura estadounidense ante el número desproporcionado de expresiones y culturas que coexisten en los 50 estado de la Unión.

Aunque es aventurado establecer unas características únicas de la sociedad estadounidense, éstas se podrían resumir (según lo ha demostrado Marc Pachter en numerosos textos) en: democracia, eclectismo, límites a la autoridad, igualdad frente a la libertad, derechos humanos. Y a pesar de que no son exclusivos en la sociedad estadounidense, si la forma en que los utilizan, los ostentan y los promueven solo los que los hace únicos.

Después de establecerse que la cultura estadounidense si existe, se debe cuestionar para qué se utiliza y en dónde se utiliza. En el caso latinoamericano, la respuesta más simple, pero a su vez compleja: la predominación de Estados Unidos sobre su periferia, para la continua extracción de recursos que movilicen su industria nacional, tanto en lo económico, lo político, lo ideológico y lo energético.

Entonces, ¿dónde se cruza lo cultural, la importancia de la expansión de su ideología en este hemisferio? Para responderlo la historia nos ayuda: como primer ejemplo, desde su asenso como potencia predominante desde finales del siglo XIX, después de derrotar a la corona española, el gobierno estadounidense se ha posicionado en locaciones estratégicas para sus intereses (el Caribe y el sudeste asiático), la cultura influye en la modificación y difusión de su proyecto político novedoso en la región; el segundo ejemplo es al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando comienza la época de la distensión entre la Unión Soviética y Estados Unidos: la intervención estadounidense en países de la región, el intercambio académico y militar, y la lucha contra el comunismo; el tercer ejemplo, se desarrolla en este siglo (XXI), con la caída de URSS, la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y la promoción de Derecho Humanos se volvieron ejes centrales en la Agenda Internacional de Estados Unidos, la constante exigencia hacia los países que no cumplen con eta agenda se les ha perjudicado en las relaciones con occidente.

La aculturación latinoamericana, en definitiva, representa una constate amenaza para los pueblos de América Latina, que se desarrollan en un clima de clara desventaja frente a Estados Unidos que prácticamente ha importado su modelo desde hace más de cien años. Esta larga etapa histórica ha derivado en la constante readaptación de la ideología estadounidense a los sucesos internacionales, representada en la Agenda Internacional que promueve en todos los foros a los que se asiste.

A través de conflictos armados, golpes de Estado, promoción neoliberal, bloqueos económicos, instituciones bancarias e intercambio académico cultural, es que el proceso de aculturación sigue galopante. El estudio de América Latina en Estados Unidos es clave para continuar con el status quo de la región; el cómo se desenvuelven los gobiernos, la filiación partidista y la injerencia de los medios de comunicación solo entorpecen las luchas de los gobierno en contra de la gran imposición occidental.

Estas reflexiones giran en torno a este gran último debate que se abre ante la realidad: ¿se nos ha aculturizado completamente, gradualmente o aún existe un serie de herramientas políticas para poder contrarrestar la influencia de esta gran cultura occidental? Los mecanismos de control —políticos, económicos, tecnológicos e ideológicos— conectados con los medios masivos de información han devenido en la exportación del modelo cultural estadounidense en la región. El modelo productivo, la Agenda Internacional, los valores sociales, los valores individuales, la deshumanización de los problemas sociales, el consumismo y la despersonalización de las relaciones son el resultado de este “exitoso” modelo neoliberal-occidental-estadounidense al cual pertenecemos.

En suma, aún cuando la cultura es un tema que influye directamente en las relaciones entre los Estados y las Organizaciones (civiles, ONG’s e Internacionales), no se le ha otorgado el valor adecuado para su análisis. Si se toma en cuenta que el modelo cultural que predomina en la mayor parte de las sociedades proviene desde fines del siglo antepasado, se tiene que repensar las manera en que se estudia Relaciones Internacionales, si sólo se van a evaluar y proyectar los resultados económicos y políticos, jamás se romperá con el esquema jerárquico bajo el cual vivimos en la semi-periferia. Se debe difundir y entender, que sí existe un cultura estadounidense, que sí es utilizada como un mecanismo de control para impulsar sus propios intereses y que sí estamos en un proceso (gradual o total, depende de cada lector) de aculturación, en el que Estados Unidos lleva la batuta.

La evaluación del impacto cultural, por lo tanto, es subjetiva. Por lo que, llegado este punto, corresponde nuevamente al lector determinar si es positivo o negativo este fenómeno cultural. Si la aculturación es deseable, o si se debe acelerar el proceso, o si se debe cambiar de concepto (al de interculturalidad) depende de cada uno —nuestra filiación política, nuestra historia, nuestro entorno—. Como en todo debate, la moneda está en el aire, corresponderá a la sociedad, las empresas y los gobernantes elegir y criticar sobre cada decisión que se tome, después de todo, en cuestiones culturales todo es posible.

*Foto: Otras Voces en Educación (2016).

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